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Estas naranjas, ¿de qué tipo son?

Las naranjas se dividen entre dulces o amargas, de zumo o de mesa, aunque pueden clasificarse en función de su jugosidad, tamaño, condiciones de cultivo o productividad

Imagen: studioM

Entre las naranjas más dulces y las muy amargas, el abanico de variedades que hay en la frutería parece no tener fin. Se distinguen dos grandes grupos: las conocidas como naranjas de mesa, que se toman frescas (enteras o en zumo) y ofrecen un agradable dulzor al paladar, y aquellas que son tan ácidas que solo se emplean para elaborar mermeladas y aceites esenciales. Vea a cuál de los siguientes grupos pertenecen las que se lleva a casa:

  • Navel. Son la mejor opción, si se quiere comer una naranja entera. De gran tamaño, son frutas con un ombligo en la zona opuesta al pedúnculo (rabito), fáciles de pelar y carentes de pepitas. Tienen una excelente calidad, pero no resultan adecuadas para zumo. Principales variedades: Bahianinha, Lane Laten, Leng, Navel, Navelate, Navelina, Newhall, Ricalate, Washington o Bahia, esta última, una de las más consumidas en España.
  • Blancas. Se diferencian de las Navel por su aspecto externo e interno. Tienen forma esférica, achatada y elipsoidal. Su tamaño es medio y grande, y no tienen ombligo. En cuanto al color, van desde el amarillo anaranjado al naranja intenso. Algunas de sus variedades contienen semillas, lo que hace incómodo comerlas enteras. Principales variedades: Ambersweet, Hamlin, Pera, Salustiana, Jaff a o Shamouti y Valencia Late.
  • De sangre. Se cultivan exclusivamente en la región mediterránea. Mantienen similitudes con las Blancas en su aspecto externo, pero se diferencian en que sintetizan pigmentos rojos en la pulpa y a veces en la piel; este proceso solo se produce si se dan bajas temperaturas nocturnas. Los frutos no adquieren la tonalidad rojiza hasta el otoño o invierno, lo que brinda al zumo un sabor especial que recuerda al de las cerezas o las frambuesas. Principales variedades: Doble Fina, Maltaise, Moro, Sanguinelli y Sanguinello.
  • Sucreñas. Son variedades con menor acidez y ligeramente insípidas, por lo que no resultan demasiado aptas para la industria alimentaria y se cultivan muy poco. Principales variedades: Succari, Sucreña, Lima y Vaniglia.

Para saber si una naranja está en su punto, no basta con mirarla; hay que cogerla y valorar su peso. Ni siquiera el color de la piel indica con seguridad la calidad del fruto, pues hay naranjas maduras con la cáscara verde. Si son jugosos, los cítricos deben ser pesados, y esto también se aplica a las naranjas. Mejor desechar las piezas que suenen a hueco al golpearlas, presenten golpes o huelan a rancio. Una vez en casa, se pueden dejar en un frutero a temperatura ambiente, si se tiene la intención de consumirlas en los próximos días. Si no, en el frigorífico aguantarán algunas semanas.

¿Pelar o exprimir?

Existen ciertas diferencias nutricionales entre masticar una hermosa naranja de mesa y beberla en zumo. Vea cómo varían las cantidades de calorías, azúcares y fibra, según la manera que se elija para consumirla.

  • 1. Cantidad. Una naranja de tamaño medio puede pesar alrededor de 200 gramos y, una vez pelada, son comestibles unos 150 gramos. Sin embargo, se necesitan al menos dos naranjas para obtener un vaso de zumo de 200 mililitros.
  • 2. Fibra. Si se prepara un zumo, no se aprovechará casi nada el contenido en fibra (piel blanquecina bajo la cáscara) de la naranja. La naranja fresca aporta de media 1,7 gramos de fibra por 100 gramos, en comparación con un aporte casi nulo del zumo, 0,1 gramos por 100 gramos.
  • 3. Saciedad. Debido a la ausencia de fibra, el poder saciante de un vaso de zumo de naranja es menor que si se consume la pieza entera.
  • 4. Absorción de azúcares. Entre otros factores, el contenido de fibra de un alimento ayuda a hacer más lenta la absorción de sus azúcares. Esto significa que los del zumo de naranja se absorben más rápido que los de la fruta fresca, ya que el primero tiene menos fibra.

La naranja es una fuente importante de vitamina C, pero no es el micronutriente más destacado de su perfil nutricional, ni el alimento que más vitamina C contiene. Ni de lejos. De hecho, sus 50,6 mg cada 100 g representan la mitad del contenido de ácido ascórbico del kiwi, que ronda los 90 mg, y quedan lejos de la guayaba, que bate todos los récords con sus 273 mg cada 100 g de porción comestible.

Etiquetas:

naranja, zumo


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