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¿Alergia, intolerancia o intoxicación? Estas son las diferencias

No todas las reacciones que provocan ciertos alimentos a los niños son alergias

  • Autor: Por CARLOS CASABONA
  • Última actualización: 17 de septiembre de 2018
Imagen: belchonock

¿Qué le pasa a mi pequeño, doctor? ¿Esto es alergia o tiene alguna intolerancia? Preguntas como estas son frecuentes en la consulta de los pediatras. Durante la infancia, la ingestión de alimentos puede provocar distintas reacciones que no siempre resultan fáciles de identificar. Muchas veces se habla de "alergia" para referirse a cualquier tipo de reacción producida por los alimentos, cuando en realidad podría ser una intolerancia o una intoxicación alimentaria. En el artículo de hoy explicaremos en qué consisten estas tres reacciones, cuáles son sus síntomas y en qué se diferencian.

1. Reacción alérgica por alimentos

Para provocar los síntomas hace falta ingerir, tocar o inhalar muy poca cantidad de alergeno (la proteína del alimento responsable de la respuesta inmunitaria). La reacción es casi inmediata o se produce en las primeras horas. Hay una base inmunológica en la respuesta del organismo y solo se manifiesta en algunas personas. Existen tres tipos de alergias en este grupo:

  • 1. Mediadas por la inmunoglobulina E (IgE). En este caso, en la sangre hay niveles altos de anticuerpos de la clase IgE específicos contra el alergeno alimentario implicado. La alergia al huevo o al pescado, entre otros alimentos, estarían en este grupo, además de la mayor parte de los casos de alergia a proteínas de leche de vaca. El inicio de los síntomas es rápido: comienzan entre unos minutos y una hora (como máximo) tras haber ingerido el alimento. Son signos cutáneos o cutáneo-mucosos (ronchas en forma de urticaria o angioedemas), aunque a veces solo se produce un enrojecimiento alrededor de la boca que dura escasos minutos.
  • 2. No mediadas por IgE. En este caso, aumentan otro tipo de inmunoglobulinas, complejos inmunes y otras respuestas inmunitarias mediadas por células. Los síntomas son menos inmediatos que en el grupo anterior, pero se pueden prolongar durante bastante tiempo. Entrarían la enterocolitis alérgica, la proctocolitis o colitis benigna del lactante y algunos casos de alergia a proteínas de leche de vaca, entre otras enfermedades.
  • 3. Mixtas. Estas son inducidas de manera parcial por IgE y por células, con diferente grado de implicación. La dermatitis atópica y la gastroenteritis y esofagitis eosinofílicas serían entidades que pueden entrar en este grupo, aunque no hay consenso uniforme.

2. Intolerancia a un alimento

Imagen: marilyna

Los síntomas dependen de la dosis del alimento ingerido: a más cantidad de alimento implicado, más intensos serán. También se denominan reacciones de hipersensibilidad no alérgica. No son graves, aunque sí molestas: náuseas, gases, sensación de hinchazón abdominal, diarrea, cefalea... Dentro de este grupo, están estos tipos:

  • Las intolerancias por un defecto enzimático: la más conocida es la intolerancia a la lactosa, de la que hablamos en este artículo.
  • Las producidas por la acción farmacológica de sustancias químicas presentes de manera natural o añadidas al alimento (histamina, tiramina, serotonina, cafeína, teobromina, etanol, capsaicina...). En este grupo tendríamos al chocolate y los quesos curados, entre otros.
  • Intolerancias alimentarias indeterminadas: no se conoce bien su mecanismo de producción. Se incluyen la mayor parte de las producidas por aditivos alimentarios.

Mención especial merece la enfermedad celíaca, que durante años se definió como una "intolerancia" de por vida al gluten. En la actualidad, sabemos que es mejor no describirla de esta manera, puesto que parecería que el gluten se puede tolerar en mayor o menor grado según la dosis ingerida (como hemos visto en este apartado) y, sin embargo, cantidades muy pequeñas de gluten son capaces de activar el sistema inmunológico, provocar inflamación crónica en el intestino y afectar a otros órganos y sistemas. En definitiva, la enfermedad celíaca se considera como una enfermedad sistémica (es decir, que puede afectar al aparato digestivo, pero también a otros órganos, aparatos o sistemas del cuerpo) con base inmunológica autoinmune (pero sin que intervenga la IgE) causada por la ingesta de gluten en personas con predisposición genética.

3. Reacción tóxica (intoxicación alimentaria)

Estas reacciones pueden ocurrir en cualquier persona cuando se ingieren:

  • alimentos contaminados con dosis suficientes de gérmenes como Salmonella, Campylobacter, Shigella, Escherichia coli, etc.
  • alimentos en los que hay toxinas, como la toxina botulínica (producida por el bacilo Clostridium Botulinum, generada en algunas conservas en mal estado), aflatoxinas, escombroidosis (intoxicación histamínica por ingestión de pescado en mal estado).
  • alimentos (incluida el agua) con presencia en dosis significativas de insecticidas, herbicidas, fertilizantes o metales pesados como el mercurio, el arsénico o el plomo.
  • plantas, animales u hongos venenosos.

Los síntomas, en los casos leves, se centran más en el sistema digestivo: náuseas, vómitos, diarreas, dolores cólicos abdominales... En los casos graves, además de los anteriores, puede haber manifestaciones a cualquier nivel, incluido el sistema nervioso, hepático y renal, y acabar con la vida de la persona. Un ejemplo clásico es la enfermedad de Minamata, nombre de una bahía de Japón, centro de una intoxicación masiva en la población de la zona por consumo de pescado y marisco contaminado con dosis muy elevadas de metilmercurio vertido durante años por una empresa petroquímica.

Cuidado con los tests de alergias e intolerancias

El diagnóstico de una alergia alimentaria verdadera, esto es, un proceso del primer grupo, se basa en la clínica. Se ha de valorar la duración, localización, distribución y forma de las lesiones en la piel, además de otros síntomas generales como vómitos, dolores abdominales o diarrea. En algunos casos puede ser necesario realizar pruebas o análisis específicos para un diagnóstico correcto.

Imagen: Gorilla

En algunos sitios se ofertan tests de intolerancias o de alergias alimentarias que no tienen ninguna validez científica. El pediatra o el alergólogo son los sanitarios que deben determinar la idoneidad de la realización de pruebas diagnósticas entre las que se encuentran las pruebas cutáneas (prick-test), pruebas de eliminación y provocación o exposición oral al alimento, analíticas de sangre y de heces y otro tipo de pruebas como endoscopias, test de hidrógeno espirado, biopsia intestinal, etc.

En ocasiones, no será fácil conocer la causa porque se deberá a una combinación de ellas. Un ejemplo. Si un bebé o un niño ha comido pescado o huevo varias veces sin problemas, pero un día "coge" un virus de la guardería, tiene fiebres altas y recibe (como otras veces) ibuprofeno, se puede formar un potente alergeno que combine proteínas de los agentes citados (pescado o huevo + virus + ibuprofeno). Esto, unido al ambiente febril que produce vasodilatación y aumento de la permeabilidad cutánea, será capaz de originar un cuadro urticarial que simule una alergia. En estos casos, se suele culpar al pescado o al huevo, pero es posible que ninguno de los dos alimentos sean los responsables de la urticaria, por lo que los antecedentes y la observación futura serán determinantes para un diagnóstico preciso de la causa.

La aversión alimentaria

En la aversión alimentaria hay un ostentoso rechazo por parte del niño hacia un alimento concreto. Este rechazo puede incluir náuseas, arcadas y, en ocasiones, vómitos. Consiste en una sensibilidad emocional subjetiva, ya que la introducción del alimento de manera camuflada en un guiso u otra preparación no produce ningún síntoma.


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