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Cambios corporales en la mujer que da pecho

Durante el embarazo, el organismo se prepara para la lactancia mediante importantes cambios corporales dirigidos al desarrollo de las glándulas mamarias, a modificar la regulación hormonal y a facilitar la producción de leche

  • Última actualización: 30 de mayo de 2006

La lactancia es un periodo de la vida de muchas mujeres en el que ofrecen al recién nacido un alimento adecuado a sus requerimientos, lo cual obliga a adecuar la dieta de la madre para cubrir de forma óptima sus necesidades y las del recién nacido, sin correr riesgo alguno para la salud de ambos.
La secreción de leche hace de la lactancia un proceso que aumenta la demanda de nutrientes de la mujer que amamanta debido a que, durante varios meses, parte de los nutrientes que obtiene mediante la ingesta habitual se destinan a la producción de este alimento. Además, hay que tener en cuenta que la demanda de nutrientes no es homogénea y varía a lo largo de la lactancia. Por ello es necesario que los alimentos que se consumen sean nutricionalmente válidos para cubrir estos aspectos. En este sentido, la alimentación de la mujer previa al embarazo y durante el mismo son tan importantes como la alimentación propia durante la lactancia.
Conviene informar correctamente a la futura madre sobre los cambios fisiológicos que se producen en el organismo y también sobre los factores que influyen en la producción de leche. Este proceso exige un gasto de energía enorme que únicamente la alimentación de la madre no puede cubrir. Es ahora cuando se utilizan las reservas de grasa almacenadas durante el embarazo como fuente de energía para llevarlo a cabo.

Cambios corporales en la lactancia
El organismo de la madre se prepara para la etapa de la lactancia durante el embarazo, ya que se producen cambios fisiológicos dirigidos al desarrollo de las glándulas mamarias, a modificar la regulación hormonal y a facilitar la producción de leche.

*Desarrollo de las glándulas mamarias (pechos). Las glándulas mamarias se preparan para la lactancia mediante una serie de pasos que ocurren durante la adolescencia y el embarazo. El proceso denominado mamogénesis se repite de forma limitada en cada ciclo menstrual inducido por las hormonas secretadas por los ovarios.
Puede imaginarse las glándulas mamarias como un conjunto de racimos de uvas cada uno de los cuales se denomina "lóbulo", correspondiendo las uvas a pequeños sacos donde se produce la leche a partir de los nutrientes de los alimentos que llegan a través de la sangre. Cada una de las uvas constituyen los denominados "alveolos mamarios" y están unidos a pequeños conductos o canalículos que se van uniendo entre sí, formando un canal más ancho, que se encuentra dentro de la aureola y que se adelgaza, terminando en el pezón.

* Regulación hormonal. Durante la gestación tiene lugar el desarrollo completo de la glándula mamaria bajo la influencia de diversas hormonas: progesterona, estrógenos, lactógeno placentario y prolactina. También influyen otras hormonas como el cortisol, las hormonas tiroideas, la insulina y la hormona de crecimiento, por lo que se trata de un cambio fisiológico extremadamente complejo.
La progesterona prepara las mamas para la producción de leche. Los estrógenos estimulan el desarrollo del sistema de conductos galactóforos, es decir, aquellos que transportan la leche. Todos estos cambios provocan externamente un aumento notable de las mamas y del pezón. Durante los últimos meses de embarazo, la placenta comienza a secretar lactógeno placentario humano o somatomamotropina coriónica humana, cuya acción principal consiste en estimular el crecimiento de la mama y prepararla para la lactancia.
Tras la expulsión de la placenta durante el parto, se produce un súbito descenso en los niveles plasmáticos de estrógenos, progesterona y somatomamotropina coriónica. Esta disminución es simultánea al aumento que se produce en la secreción de prolactina.

* Producción de leche. El organismo de la gestante se prepara para la etapa de lactancia almacenando de 2 a 4 kilos de reservas grasas que serán utilizadas posteriormente para la formación de la leche. A pesar de que las mamas son funcionalmente capaces de producir leche a partir del cuarto o quinto mes de gestación, no se produce secreción láctea debido al efecto inhibitorio que ejercen los elevados niveles de progesterona y estrógenos secretados por la placenta; aunque en ocasiones puede salir un poco de leche durante la gestación.
Cuando el bebé succiona el pezón, envía una señal a la glándula hipófisis materna (órgano de secreción hormonal), la cual va a producir varias hormonas (prolactina y oxitocina), responsables de la producción de leche y de su salida por los pezones. El tamaño o la forma de los pechos no influye en la producción láctea, la cantidad depende de la acumulación de grasa.
Los niveles de prolactina en el organismo alcanzan valores máximos en el parto. Esta hormona estimula el crecimiento y la actividad secretora de los alveolos mamarios. Es frecuente que la madre se sienta relajada en el momento del amamantamiento, consecuencia de los elevados niveles de prolactina. Los niveles de esta hormona mantienen altos cuando el bebé mama. No obstante, aún cuando el nivel de prolactina es alto, si la succión es ineficiente y no se extrae leche de algunos sectores del pecho, esas partes dejarán de producir leche.

El reflejo de la eyección está condicionado por numerosos factores, tales como el llanto del niño, la ansiedad, el estrés o el dolor que sufra la madre (por ejemplo, pezón doloroso) y también el consumo de tabaco y de alcohol.
En condiciones normales, la disminución de la producción de leche de forma fisiológica comienza a ser considerable a partir de los siete o nueve meses. Por ello se recomienda que el destete se realice a partir de los 6 meses de manera gradual, para evitar la ingurgitación de las mamas y para facilitar la adaptación del niño a la alimentación complementaria. No obstante, la producción de leche podría prolongarse hasta cuatro años si continúa el amamantamiento.




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