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Dieta y Parkinson

La dieta tiene en cuenta el tratamiento farmacológico, el estreñimiento frecuente, y las dificultades que presentan los pacientes para comer y deglutir.

  • Última actualización: 29 de julio de 2002

Hoy día, las enfermedades degenerativas constituyen un gran problema sanitario dado el aumento de su incidencia en las últimas décadas. Al contrario de lo que piensa una gran parte la población, su aparición no siempre se produce en personas mayores, sino que también pueden padecerlas personas jóvenes entre los 20 y los 40 años, según de la enfermedad que se trate. Las líneas de investigación actuales pretenden identificar las causas de estas enfermedades, ya que a pesar de que se ha avanzado espectacularmente en el diagnóstico y tratamiento, muchas son aún de causa desconocida; parkinson, alzheimer, esclerosis múltiple, fibromialgia… Aún queda mucho por investigar, por lo que de momento no es posible establecer estrategias o medidas de prevención.

En qué consiste la Enfermedad de Parkinson.
El cuadro clínico constituido por lentitud de movimientos (bradicinesia), junto con temblor de reposo y aumento del tono muscular (rigidez) fue descrito por vez primera en 1817 por un médico británico, Sir James Parkinson que dió nombre a la enfermedad.
La Enfermedad de Parkinson es una patología del sistema nervioso. Afecta a la zona del cerebro encargada del control y coordinación del movimiento del tono muscular y de la postura. En esta zona del cerebro, llamada sustancia negra, existe un componente químico, la dopamina. La presencia de dopamina es esencial para la regulación de los movimientos, es decir, para que los movimientos se realicen de una forma efectiva y armónica. En la Enfermedad de Parkinson, se produce una degeneración de la sustancia negra, cuya consecuencia es la disminución de la dopamina. Es por ello que las principales manifestaciones de la enfermedad expresan un control deficiente de los movimientos: temblor, lentitud, rigidez y alteraciones de la postura y de la marcha.
Esta enfermedad no hace distinciones en la edad, raza, sexo y se da en personas en todos los lugares del mundo. Según datos de la Asociación Española para el Parkinson, actualmente la enfermedad afecta a 200 de cada 100.000 personas y a 2 de cada 100 entre los mayores de 65 años. En España hay más de 60.000 enfermos. Constituye una de las causas más comunes de incapacidad en las personas mayores; sin embargo, cada vez afecta a personas más jóvenes, incluso a menores de 40 años.

Los síntomas más comunes son: temblor (más evidente cuando se está en reposo, lento y rítmico y no se presenta en todos los casos), ralentización del movimiento o bradicinesia (falta de expresión en la cara, escritura lenta y de trazos pequeños, que se da tanto en los movimientos automáticos -deglutir, parpadear, etc., como en los voluntarios), rigidez muscular (resistencia a mover pasivamente las extremidades), anomalías posturales (inclinación de la cabeza y el tronco hacia delante, tendencia a mantener los codos y rodillas encogidos), anomalías al andar (marcha lenta, levantando poco los pies del suelo, pasos cortos y rápidos, episodios de bloqueo, aumento brusco del ritmo de la marcha), trastornos del equilibrio (se pueden manifestar en un estadio avanzado de la enfermedad), estreñimiento, insomnio, alteración de la visión…. La terapia actual reduce al máximo sus síntomas y combina fármacos, pautas dietéticas, fisioterapia, logopedia, atención psicológica y en casos seleccionados, cirugía.

Tratamiento multidisciplinar de la enfermedad.
Los medicamentos que se conocen hasta el momento permiten aliviar la mayor parte de los síntomas aunque no eliminen la causa. Esta enfermedad responde positivamente al tratamiento con un medicamento, llamado L-Dopa o levodopa, el cual es el precursor de la dopamina, un neurotransmisor cerebral. Dicho neurotransmisor se encuentra alterado en esta enfermedad. La degeneración se aprecia por la reducción, en más de un 80 %, del neurotransmisor que las neuronas emplean para comunicarse en esa zona del cerebro. El tratamiento consiste en aumentar la producción de dopamina, y para ello se administran al paciente tres tipos de sustancias: 1) La L-Dopa, precursor de la dopamina, 2) Los inhibidores de la decarboxilasa, el enzima que aceleraría excesivamente el proceso, y 3) Los favorecedores de la transmisión de la dopamina.

El descubrimiento de la L-Dopa significó un gran avance en el tratamiento de la enfermedad, ya que mejoró en gran medida la calidad de vida de los pacientes afectados. En cualquier caso, el tratamiento farmacológico será individualizado, según las características del paciente y los síntomas predominantes. La realización de un programa de ejercicios físicos es muy recomendable, así como el apoyo y tratamiento psicológico de la situación.

Que sabemos de la dieta.
Para evitar o curar la Enfermedad de Parkinson, no parece haber una vitamina, mineral u otro nutriente específico que tenga un valor terapéutico.
La dieta en la esta enfermedad tiene en cuenta el tratamiento con el fármaco L-Dopa, la tendencia de estas personas a padecer estreñimiento, y las posibles dificultades que pueden presentarse para llevar a cabo los actos manuales necesarios para la alimentación y, a veces también para comer y deglutir.
Los problemas relacionados con la alimentación, contribuyen con frecuencia al malestar del enfermo, por lo que es muy importante cuidar el aspecto dietético para contribuir en la mejoría de la calidad de vida del paciente.

Interacción fármaco - nutriente.

Las proteínas tienen una tendencia a interferir el tratamiento con levodopa, reduciendo la absorción de la misma. En aquellos casos en los que se observa que la respuesta al fármaco no es la esperada, el paciente debe eliminar durante el día (desayuno, almuerzo y comida) la mayoría de aquellos alimentos ricos en proteínas como carne y aves, pescados, lácteos, huevos, legumbres, frutos secos y suplementos alimentarios proteicos, y consumirlos en la cena para evitar un desequilibrio nutricional. Estas maniobras dietéticas, pueden ser útiles para mejorar la calidad de vida del enfermo durante el día.

Alimentación en caso de estreñimiento.
Para prevenir y tratar el estreñimiento, lo más adecuado es asegurar una ingesta abundante de líquidos (más de dos litros al día) y aumentar el consumo de fibra (verduras, frutas frescas y secas, legumbres, cereales integrales...) o bien incluir suplementos de fibra (salvado de avena, semillas de lino, etc.), que aumentan el bolo fecal y favorecen los movimientos intestinales.
El estreñimiento es un problema común en muchos pacientes. Algunos comen poco y beben poca agua. En muchos casos, el estreñimiento se agrava por la medicación. En la mayoría de los casos no es necesario defecar diariamente, siendo suficiente cada dos o tres días. Además de las indicaciones dietéticas, hay varias medidas higiénicas que puede tener en cuenta:
- Manténgase físicamente activo.
- Siéntese cómodamente cuando vaya a defecar, con las rodillas encogidas para favorecer la contracción de los músculos abdominales.
- Evite en lo posible el uso frecuente de laxantes purgantes o de enemas. Los supositorios de glicerina pueden ser de gran ayuda.

Dificultad para masticar y deglutir los alimentos.
A las dificultades en los actos manuales necesarios para el acto de la alimentación, pueden añadirse las de masticar y tragar. Haga la prueba de emplear estos sencillos recursos:
- En el momento que vaya a comer, se ha de sentar correctamente.
- Utilice copas y platos irrompibles y con un diseño que permita sostenerlos firmemente.
- Use cubiertos que pesen poco, ya que son más fáciles de manejar. Pueden modificarse los mangos de los cubiertos, introduciéndolos en algún almohadillado de espuma tubular. A veces, es mejor el uso de la cuchara que el del tenedor.
- Si tiene dificultad para llevarse el vaso a la boca, utilice una paja flexible.
- Una taza especial, parcialmente tapada (beberito) puede impedir que se derramen los líquidos.
- El empleo de ventosas de goma o tiras de hule pegadas en la base de los platos y de las tazas impedirá que se resbalen cuando usted come.
- Si usted come lentamente, le servirá una bandeja térmica para mantener caliente la comida.

Tener presente que si existe dificultad para deglutir alimentos sólidos, aquellos que tienen consistencia de papilla o de puré son más fáciles de tragar que los alimentos cortados finos o picados. Es aconsejable en este caso iniciar la comida con un buen sorbo de agua bien fría, ya que estimula el reflejo de la deglución.
Así mismo, es posible que algunas personas tengan dificultad para tragar líquidos, en cuyo caso será necesario incluir productos de nutrición especial que hacen que los líquidos adquieran textura de gel, lo que evita que se produzcan situaciones de atragantamiento o de ahogo.
En casos seleccionados de dificultad severa en la deglución de sólidos y/o líquidos, será necesario recurrir a la nutrición artificial, siempre bajo supervisión del médico y de un especialista en Nutrición.




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