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Terapia nutricional para enfermos de sida

La nutrición como terapia de apoyo es clave dentro del tratamiento integral de la enfermedad

  • Autor: Por ELENA PIÑEIRO
  • Fecha de publicación: 1 de diciembre de 2008

El lema de este año para el Día Mundial del Sida, "Lidera, empodera, provee", subraya la necesidad del liderazgo político para cumplir los compromisos que se han adoptado en la respuesta al sida (especialmente la promesa de conseguir el acceso universal a la prevención, el tratamiento, la atención y el apoyo para el año 2010). Hoy en día, la nutrición, como terapia de apoyo al tratamiento integral de esta enfermedad, adquiere cada vez más relevancia.

Sida y enfoque alimentario

El abordaje del sida desde un enfoque alimentario está basado en dos claves principales. La primera es la dietoterapia de las complicaciones nutricionales asociadas a la enfermedad, como la rápida pérdida de peso, los problemas gastrointestinales, la pérdida de apetito y la temida malnutrición. La segunda es el enfoque de la dieta y los suplementos nutricionales encaminados a apoyar la terapia farmacológica. Respecto a esta última clave, la Organización Mundial de la Salud (OMS) insta a organismos gubernamentales y a centros de investigación a avanzar más rápidamente en los estudios científicos que alumbren a una más que probable ayuda de los micronutrientes en el tratamiento de la enfermedad.

Los problemas nutricionales

En la resolución WHA57.14, la Asamblea de Salud de las Naciones Unidas "insta a los Estados miembros a que apliquen, con carácter prioritario, políticas y prácticas que fomenten, entre otras cosas, la integración de la nutrición en una respuesta contra el VIH/sida". La malnutrición proteico-energética es una de las peores complicaciones nutricionales que ensombrece el panorama terapéutico. Está causada en gran parte por las lesiones que aparecen en el aparato digestivo, la diarrea y la mala absorción de nutrientes en el intestino. La pérdida de peso total, masa muscular y masa grasa, además de los déficits de vitaminas y minerales, pueden aparecer en la fase asintomática y empeorar en la fase sintomática de la enfermedad. Además, la pérdida de peso suele ser la antesala de la aparición de infecciones oportunistas como la neumonía, tuberculosis o estomatitis, que empeoran significativamente la situación de la persona enferma.

Los objetivos de la dieta son mejorar el estado nutricional, aliviar los síntomas y cuidar la calidad de vida de cada enfermo

Para evitar este adelgazamiento extremo es necesario llevar a cabo una alimentación equilibrada que incluya una gran variedad de alimentos que cubran individualmente las necesidades específicas de nutrientes. Esta es la base de la dietoterapia y en muchos de los casos resulta una tarea ardua y difícil. Las náuseas y vómitos, la dificultad en la masticación y la falta de ganas de comer son los efectos adversos resultantes de la medicación, infecciones, cambios en el gusto e incluso de factores psicosociales.

Los objetivos de la dieta son mejorar el estado nutricional, aliviar los síntomas y, en definitiva, cuidar la calidad de vida de cada enfermo. Para conseguirlo se cuenta con un equipo profesional que se encarga de la alimentación y hace de ella una clave dentro del tratamiento integral de la enfermedad. El abanico de dietas progresivas en textura que nutran, a la vez de facilitar la deglución y la adaptación de los gustos personales a una dieta complicada, son el arte y la ciencia de la dietética.

VÍNCULO ENTRE NUTRICIÓN E INFECCIÓN

Al igual que sucede en otras muchas enfermedades, las infecciones aumentan el gasto energético del organismo y el consumo de oxígeno. Se produce un aumento en todos los procesos necesarios para que las células del hígado y las del tejido linfoide (amígdalas, bazo o timo, entre otras) fabriquen las proteínas necesarias para que funcionen eficazmente los sistemas de defensa del cuerpo. De esta forma se activa la producción de células implicadas en la lucha directa contra el virus.

Si el estado nutricional de la persona no es óptimo, como es habitual en el caso del sida, las proteínas musculares y de otros tejidos comienzan a romperse para aportar los aminoácidos esenciales necesarios y funcionen las defensas. El individuo pierde peso y masa muscular y el ritmo de utilización de las sustancias nutritivas es superior al de ingesta de alimentos, con lo que se produce un déficit de energía.

El metabolismo de los minerales y las vitaminas también se ve alterado. Con la infección hay un aumento en la pérdida corporal de estos dos grupos de nutrientes. La falta de agentes antioxidantes como el selenio, zinc, cobre y vitaminas A, E y C influye negativamente en la lucha interna contra la infección por el VIH, que aprovecha un sistema inmune debilitado produciendo grandes niveles de radicales libres, que el propio organismo no puede eliminar a un ritmo adecuado.

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