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Snacks salados para los niños

El alto contenido de hidratos de carbono, grasa y calorías los convierte en un producto ocasional dentro de la dieta infantil

  • Última actualización: 26 de agosto de 2009


El mercado dirige al público infantil una innumerable gama de productos de aperitivo dulces y salados de diferentes sabores, olores, colores, con sugerentes formas, que hace difícil que el niño no se resista a la tentación. Los sabores son muy diversos, desde aperitivos dulces, rellenos de chocolate, nata, crema, mermelada..., hasta snacks salados que incluyen gusanitos, patatas y demás. Nos centraremos en valorar el papel de estos últimos en la alimentación infantil.

La etiqueta de estos aperitivos confirma que se trata de un producto elaborado a base de harina de maíz o trigo, que representan los ingredientes mayoritarios de los snacks salados, junto con la grasa que añade y la utilizada en la fritura. El resto del producto está compuesto básicamente por agua, sal y un surtido variopinto de aditivos colorantes y saborizantes autorizados que los diferencia unos de otros.
El alto contenido de hidratos de carbono y grasa convierte a estos snacks en un producto muy energético, puesto que su aporte calórico oscila entre las 450 y las 550 calorías por cada 100 gramos.


La calidad de la grasa
Generalmente, en el etiquetado no se especifica el tipo de grasa utilizada como ingrediente. La diferencia más reseñable entre los distintos tipos de grasa se basa en la proporción que mantienen, en cada una, los ácidos grasos saturados e insaturados que contienen. Lo interesante desde el punto de vista dietético es la relación opuesta de estos tipos de grasa con la salud.
Las grasas de nuestra dieta son en parte sólidas o duras ("saturadas") y en parte líquidas o aceites ("insaturadas"). Las grasas animales (como la mantequilla o la manteca de cerdo) son saturadas, mientras que las derivadas de las plantas (como el aceite de maíz o de girasol) son insaturadas, salvo la grasa de coco y de palma. Se suele referir a la "grasa mala" o "grasa buena" atendiendo a su capacidad de este tipo de grasa para modificar los niveles de colesterol en sangre.

Las grasas (también conocidas como lípidos) son nutrientes imprescindibles y además constituyen una parte esencial de la dieta. Son una forma concentrada de energía. Cada gramo de grasa metabolizada genera 9 calorías, frente a las 4 calorías proporcionadas por los hidratos de carbono. Además, la grasa proporciona palatabilidad a los platos, hace que los alimentos tengan más sabor y son el vehículo de las vitaminas solubles en grasa como la A, D, E y K.

En la fabricación de los snacks salados se emplean aceites vegetales, como de semilla de girasol, maíz, soja y palma.

La grasa saturada: Es abundante por naturaleza en los alimentos de origen animal: mantequilla, manteca, sebos, nata, crema de leche, mayonesa, grasa de la carne-aves y derivados, queso y lácteos completos y, excepcionalmente, aceites vegetales de coco y de palma. Estos últimos se utilizan con frecuencia como ingredientes en la elaboración de la repostería industrial y de aperitivos dulces y salados. Esta grasa es la llamada "grasa mala", ya que su consumo en exceso tiene la capacidad de aumentar los niveles de colesterol sanguíneo.

La grasa insaturada: También conocida como "grasa buena" se encuentra principalmente en alimentos de origen vegetal: aceite de oliva y semillas (girasol, maíz, soja), aceites mucho menos utilizados en la elaboración de aperitivos. Tienen la funcionalidad de reducir los niveles de colesterol en sangre, de ahí que se les considere grasas aliadas del corazón.

Los ácidos grasos trans: Los aceites vegetales y los aceites de pescado son líquidos a temperatura ambiente y se pueden hacer más sólidos introduciendo moléculas de hidrógeno (hidrogenación), y haciéndolos, por tanto, más saturados. Este proceso se aplica para la elaboración de la margarina vegetal. Sin embargo, las grasas hidrogenadas, a pesar de su origen vegetal, debido al tratamiento físico-químico que han sufrido; en nuestro organismo se comportan como "grasa mala". Este tipo de grasa hidrogenada se emplean abundantemente, al igual que el aceite de palma, en la elaboración de snacks salados, productos tan consumidos por el público infantil.
Interesa por tanto, revisar la etiqueta de los productos y elegir para nuestros hijos, esporádicamente, aquellos que especifiquen el tipo de aceite utilizado.


Demasiadas calorías
Los aceites utilizados en los snacks incrementan fácilmente el suministro energético de los niños en edad de crecimiento. Según los criterios de dieta equilibrada, el 30-35 por ciento de las calorías que reciben los niños deben provenir de las grasas. Esto se traduce en que para un niño medio que requiera unas 2.500 calorias al día, aproximadamente 900 calorías deberán provenir de las grasas. Cantidad que equivale a unos 100 gramos de grasa. Un paquete de 30 gramos de patatas fritas contiene unos 11 gramos de grasa lo que supone entre el 10 y el 15 por ciento de lo la energía recomendada diariamente para un niño en consumo de grasas.

La conclusión del papel que los aperitivos salados juegan en la alimentación, se puede resumir en varios puntos:
- Consumidos en exceso, pueden provocar falta de apetito en el niño a la hora de comer.
- Su consumo habitual contribuye al aumento de peso por su elavado valor energético, lo que favorece la obesidad infantil.
- Dependiendo del tipo de grasa utilizada, el consumo habitual de snacks influye en la hipercolesterolemia infantil, cuya incidencia ha aumentado en los últimos años.
- Es poco probable que tengan un efecto adverso en la salud cuando se comen con moderación.

Alternativas más saludables a los aperitivos salados y dulces
Calorías
Gramos de grasa
Bocadillo de pan (6 dedos de grosor) con una loncha de queso tipo bola y rodajas de tomate
260
8,1
Bocadillo de pan (6 dedos de grosor) con chocolate
258
6,7
Tres tostadas de pan (de 2 dedos de grosor) con mantequilla y mermelada
310
10,6
Bocadillo de pan (6 dedos de grosor) con jamón serrano
193
2,5






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