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Leches fortificadas con hierro

El enriquecimiento de los alimentos como la leche es uno de los métodos más eficaces para prevenir la carencia de hierro en la población

  • Autor: Por MAITE ZUDAIRE
  • Fecha de publicación: 23 de enero de 2008
Imagen: Sarah

La falta de hierro es la carencia nutricional más generalizada en todo el mundo y la principal causa de anemia en el bebé lactante, el niño pequeño, el adolescente y la mujer en edad fértil y embarazada. Casi la mitad de los individuos en estos grupos poblacionales padecen anemia en los países menos desarrollados del sureste asiático y África, el 25% en América Latina y el 10% en los países industrializados de Europa. Estos datos se reflejan en el informe 'Deficiencia de hierro: desnutrición oculta en América Latina', dirigido por Fernando E. Viteri, uno de los principales investigadores mundiales en nutrición y anemia ferropénica.

Se estima que la reserva orgánica de hierro en el momento del nacimiento dura sólo hasta los 4 meses de edad en los lactantes de término y hasta los 6 meses si reciben exclusivamente leche materna. Una vez agotados los depósitos de hierro, los bebés dependen de la dieta para garantizar sus requerimientos. Si su alimentación es inadecuada o insuficiente en este mineral, la probabilidad de que padezcan anemia ferropénica es elevada.

Diversos organismos de salud pública, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), sugieren distintas vías para prevenir la falta de hierro: modificaciones de la dieta, enriquecimiento de alimentos, complementación con medicamentos y, en países tropicales, control de parásitos intestinales hematófagos (que se alimentan de sangre). En diversos países en vías de desarrollo, para solventar el problema de la anemia infantil, se llevan décadas trabajando en el enriquecimiento con hierro de la leche como alimento universalmente aceptado por la población.

Fortificación de alimentos

La fortificación de los alimentos es uno de los métodos probados más eficientes para prevenir la carencia de hierro en la población, pero exige la selección adecuada tanto del alimento a fortificar como del compuesto de hierro empleado en la fortificación del mismo (más o menos absorbible).

Los alimentos contienen compuestos químicos que compiten con la absorción y el aprovechamiento del hierro en el organismo. Así pues, si el alimento-vector contiene inhibidores de la absorción (fitatos, oxalatos, polifenoles o calcio, entre otros), el hierro añadido será absorbido levemente, y tendrá un escaso impacto sobre el estado nutricional de quien lo consume. Por tanto, la eficacia y el éxito de la fortificación dependen enormemente de que el hierro añadido se encuentre en una forma absorbible y, a su vez, protegido de los principales inhibidores. Además, la fortificación no debe producir modificaciones en las características organolépticas del producto (sabor, aroma y textura). De otra manera, el alimento será rechazado y no cumplirá el fin para el que ha sido diseñado.

El sulfato ferroso, además de ser el compuesto más barato, es ideal para fortificar líquidos porque es soluble en agua

Absorción del hierro de la leche

La leche se considera un alimento (vehículo) consumido amplia y constantemente por los individuos con mayor riesgo de padecer anemia. Numerosos estudios han contrastado el diferente grado de absorción orgánica del hierro de la leche humana respecto a la de vaca. Aunque la leche humana se caracteriza por su bajo contenido de hierro (<1 mg/l), su absorción es muy eficiente, de alrededor de un 50% frente al 10% de la leche de vaca. Los argumentos que explican esta diferencia se centran en que la leche humana tiene una menor concentración de inhibidores de la absorción de hierro (caseína y calcio) y un mayor acumulo de promotores de la absorción (ácido ascórbico y lactosa). Esto ha servido a la industria para asemejar al máximo la composición química de las fórmulas lácteas enriquecidas respecto a la humana.

En diversos programas de intervención nutricional para prevenir la anemia ferropénica en niños y mujeres embarazadas, llevados a cabo en varios países de América Latina, se han empleado leches fortificadas en sulfato ferroso. La elección de este compuesto se debe a que, al ser soluble en agua, es el ideal para fortificar líquidos. Además, es el compuesto más barato, motivo por el que se emplea habitualmente en la fortificación de fórmulas infantiles, pasta o harina de trigo que se almacenan pocos meses.

El sulfato ferroso se disuelve instantáneamente en el estómago y, una vez disuelto, la absorción del hierro dependerá del contenido en sustancias inhibidoras o favorecedoras en la comida, así como del estado nutricional en hierro del individuo. El ácido ascórbico o un estado nutricional deficiente aumentarán la absorción.

Se ha comprobado cómo la absorción del hierro de leches enriquecidas con sulfato ferroso en concentraciones de 10 a 15 mg/l de hierro es del 3-4%. Con la adición de ácido ascórbico (vitamina C) en una relación de 2:1 con respecto al hierro, la absorción se incrementa entre 3 y 4 veces más, llegando a ser del 11-12%, con lo que se resuelve más rápido la deficiencia nutricional.

La experiencia chilena

Imagen: Wikipedia

El Programa Nacional de Alimentación Complementaria (PNAC) de Chile proporciona gratis 2 kilos de leche en polvo entera fortificada mensuales a los lactantes menores de 18 meses y 1 kilo al mes a las mujeres embarazadas. Este Programa de distribución gratuita de alimentos a la población infantil menor de 6 años y a las embarazadas tiene como objetivos mantener un óptimo estado nutricional de las embarazadas, así como asegurar una lactancia materna exitosa y un crecimiento y desarrollo normal del futuro bebé.

Uno de los objetivos del programa es erradicar la anemia ferropénica infantil. Por este motivo se suministra leche enriquecida en hierro desde hace más de tres décadas. La eficacia de esta leche se probó durante el período 1972-1975 en una intervención en el terreno. 278 niños recibieron leche enriquecida a partir de los 3 meses, y 232 niños recibieron leche sin enriquecer. Al año, la prevalencia de anemia fue del 7% en el grupo de niños que había consumido leche enriquecida, frente al 35,3% del grupo control. La escasa biodisponibilidad del hierro añadido (3-4%) fue un punto para mejorar. Desde entonces el PNAC ha estado investigando la mejor fórmula para el enriquecimiento de la leche en polvo.

Entre 1995 y 1996 se elaboró una leche en polvo entera enriquecida con 10 mg de hierro (sulfato ferroso), 70 mg de ácido ascórbico, 5 mg de cinc y 0,5 mg de cobre por 100 g. La biodisponibilidad de hierro en esta leche fue del 12%. El lactante que recibiera 2 kilos mensuales de este producto absorbería diariamente 0,8 mg de hierro, cantidad que garantiza el 83% de la recomendación de la FAO y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde 1998, el PNAC emplea esta leche enriquecida. Los resultados preliminares de la eficacia de esta intervención nutricional han puesto de manifiesto una reducción del 66% de la prevalencia de la anemia en los lactantes.




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