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Alimentación de la madre y cólico del lactante

Eliminar la leche de vaca de la dieta materna puede resolver los cólicos en algunos casos, pero no en la mayoría

  • Autor: Por MAITE ZUDAIRE
  • Fecha de publicación: 18 de febrero de 2011

El cólico del lactante es un síndrome asociado a irritabilidad y llanto incesante e inconsolable y un aparente dolor abdominal a diario y durante semanas, que afecta a entre el 10% y el 40% de los bebés sanos. Aunque es transitorio y se resuelve de manera espontánea antes de los 6 meses de vida del bebé -en general hacia los 3 o 4 meses-, la impotencia de calmar al niño genera mucha ansiedad y estrés entre las parejas. Decenas de investigaciones han examinado el efecto de la alimentación y la nutrición tanto de la madre como del bebé (si éste se alimenta con biberón), en la búsqueda de la causa de este malestar. Las intervenciones en la dieta materna, como la eliminación de la leche de vaca y productos derivados o la sustitución de la leche por bebida de soja y la utilización de fórmulas hipoalergénicas en el biberón, son algunas de las pruebas empíricas que se conocen y se aplican, en muchos casos sin la seguridad de que resulten efectivas. De hecho, no todas funcionan para cualquier caso, por lo que hoy en día las recomendaciones de seguir unas u otras no se pueden estandarizar ni generalizar. No obstante, una minoría de lactantes puede experimentar mejoría si la madre sigue una dieta hipoalergénica o el bebé consume fórmulas lácteas hidrolizadas.

La causa de los cólicos del lactante no se conoce a ciencia cierta. La Asociación Española de Pediatría (AEPED) resume el origen en factores psicológicos, sociales y digestivos. Entre estos últimos, destaca la propia inmadurez del aparato digestivo de los bebés, que explicaría la contracción exagerada de las fibras musculares del intestino o la alteración en la flora bacteriana intestinal. Sendos factores, de forma conjunta o independiente, pueden dar lugar a dolorosos cólicos y a dificultad para expulsar los gases. La alergia a las proteínas de la leche de vaca puede ser, a su vez, desencadenante de los cólicos en una pequeña parte de los casos, si bien conviene consultar con el pediatra antes de hacer modificaciones en la dieta tanto de la madre como del bebé.

La leche de vaca: alimento sospechoso

La hipersensibilidad a las proteínas de la leche de vaca genera controversia acerca de su contribución a los cólicos de los lactantes amamantados o de quienes toman leche de fórmula. El saber empírico ha llevado a que, en estas situaciones, muchas madres que dan pecho opten por prescindir de la leche de vaca o la sustituyan por bebida de soja. Ante la hipótesis de que la transmisión de antígenos alimentarios (los componentes de los alimentos que provocan la reacción de alergia) a través de la leche materna desencadena cólicos, varias investigaciones se han centrado en examinar si estas modificaciones en la dieta materna mejoran la situación.

Muchas madres eliminan los lácteos de su dieta sin la seguridad de que el cambio resulte efectivo

La actualización más reciente sobre la evidencia de las intervenciones dietéticas como método para superar los cólicos infantiles llega de manos del comité de expertos de nutrición y gastroenterología de la Sociedad Canadiense de Pediatría. En el documento, contrastado por la evidencia científica y publicado en la revista médica 'Paediatrics and Child Health' el pasado mes de enero, informan que son minoría los lactantes con síntomas de cólico infantil secundario a la alergia a la caseína (proteína de la leche de vaca). En estos casos, una dieta materna exenta de leche y derivados para los bebés amamantados, junto con el uso de fórmulas infantiles especiales (caseína hidrolizada), más fáciles de digerir para los lactantes que toman biberón resuelven los cólicos. Unos autores proponen, durante 2 o 3 semanas, eliminar los lácteos en la dieta de la madre en caso de cólicos severos y, si se siente mejoría, mantener los cambios dietéticos hasta el tercero o cuarto mes. Si se siguen estas directrices dietéticas, no hay justificación para interrumpir la lactancia antes de tiempo y es básico que tanto la madre como el niño reciban el soporte nutricional adecuado en calorías, calcio y vitamina D. En caso de no notar un claro beneficio tras dos semanas de dieta, no estaría justificado seguir con las restricciones alimentarias.

Si tras cambios dietéticos, al cabo de 2 o 3 semanas no se sienten mejorías, es injustificado seguir con las restricciones

En el caso de los bebés amamantados, algunos autores proponen considerar que la madre siga una dieta hipoalergénica, no solo exenta de lácteos. En un ensayo clínico realizado por el departamento de Alergia del Hospital Royal Children de Melbourne (Australia), evaluaron la posible asociación no solo con las proteínas de la leche de vaca, sino con otros alimentos potencialmente alergénicos. A los 7 días de intervención detectaron que los bebés cuyas madres excluyeron de su dieta la leche de vaca, los huevos, los cacahuetes, las nueces, la soja, el trigo y el pescado, mejoraron el malestar, al constatarse una reducción del llanto. No obstante, será el especialista quien marque las pautas dietéticas con el fin de no hacer restricciones dietéticas innecesarias.

En niños y adultos con intolerancia a la lactosa, la hinchazón y el dolor abdominal son síntomas comunes. Por semejanza sintomática con el cólico, se plantea que la intolerancia a la lactosa puede ser una de las causas del cólico en el lactante. Sin embargo, la evidencia actual no ha demostrado que excluir la lactosa de la dieta tenga un efecto beneficioso. Por tanto, no será efectivo que la madre sustituya la leche normal por la versión sin lactosa. Tampoco es seguro añadir a la dieta del bebé, bien alimentado con leche materna o con preparado artificial, un complemento de la enzima lactasa que digiere la lactosa, el azúcar de la leche. Los ensayos que examinaron los efectos de la lactasa en los síntomas del cólico tienen en común el reducido tamaño de la muestra, por lo que los resultados no se pueden considerar concluyentes. En una de las revisiones sistemáticas, los autores señalan que la deficiencia de lactasa congénita es rara.

Preparados a base de soja

El uso de fórmulas a base de proteína de soja no ha demostrado beneficios y aumenta el riesgo de alergias alimentarias

El Comité de Nutrición de la Academia Americana de Pediatría no recomienda el uso de fórmulas a base de proteínas de soja para el tratamiento del cólico de forma rutinaria. El argumento en contra de este tipo de preparados es que no han demostrado beneficios claros en la prevención o la gestión del cólico. Además, los niños con alergia a la leche de vaca son más propensos a desarrollar alergia a la proteína de la soja. Del mismo modo, el consumo por parte de la madre de bebida de soja es cuestionable por el riesgo de desarrollo de alergia a las proteínas de soja, en particular, en bebés diagnosticados de alergia a la caseína.

Por el momento, gran parte de los ensayos clínicos realizados sobre este asunto aportan resultados contradictorios, a menudo el tamaño de la muestra ha sido pequeño y la metodología no era la adecuada. Esto explica que no esté justificado hacer modificaciones dietéticas importantes de manera generalizada ni a las madres que amamantan ni a los niños que sufren cólico.

QUÉ ES EL CÓLICO DEL LACTANTE

Los criterios de Roma III para los trastornos funcionales digestivos proponen que el cólico infantil incluya todas las características siguientes en niños menores de cuatro meses de edad: ausencia de retraso en el desarrollo y paroxismos de irritabilidad, nerviosismo o empezar a llorar y parar sin causa aparente, episodios que duran tres horas o más por día y que se repiten, por lo menos, tres días a la semana durante al menos una semana.

Además de las causas fisiológicas, el cólico del bebé puede estar originado por otras cuestiones relativas a aspectos psicológicos y sociales. En este grupo se incluyen factores tan diferentes como una excesiva estimulación del bebé, una respuesta exagerada o ansiosa ante su llanto, cambios constantes en la rutina diaria, el cansancio e inexperiencia de los progenitores e, incluso, una hipersensibilidad ante determinados estímulos por parte del bebé.


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