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Su sabor es muy dulce y exótico; recuerda al de las uvas y desprende cierto aroma a rosas
El árbol de los litchis es originario de China donde se cultiva desde hace milenios. En España, la planta se introdujo en las inmediaciones de Málaga en el año 1996.
Es una fruta fresca que sorprende por su pequeño tamaño redondo y por su piel de color rojo vivo cubierta de pequeñas verrugas.
En su interior aparece su escasa pulpa de color blanco cremoso, muy jugosa, que esconde un hueso gordo y marrón no comestible.
Hay quien asemeja el aspecto de los litchis con la fresa o el madroño.
El litchi nos refresca con su contenido en agua y nos nutre de vitamina C y minerales como el potasio y el magnesio.
Si se deja a temperatura ambiental, su piel se seca y se oscurece. En el frigorífico se conservan perfectamente durante unas dos semanas, aunque hay que cuidar que no se enmohezcan. Si pasa el tiempo llegan a fermentar y su acidez aumenta.
Sin ninguna duda, la congelación es la mejor forma para conservar esta fruta, ya que permite preservarla durante un año.
El litchi es muy fácil de pelar y da un toque exótico a las ensaladas de frutas, los zumos, los batidos, las macedonias, los pasteles, los helados y también se lo puede encontrar enlatado en almíbar. Su uso en la cocina no es muy conocido, aunque combina muy bien con el arroz y con ciertas carnes y pescados.
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