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Esta parte comestible de los animales es, como otras vísceras, una de las menos consumidas, aunque muy sabrosa
- Imagen: Rodrigo Fernández - La lengua de los animales, sobre todo la de vacuno y la de porcino, constituye un recurso más en la cocina. Este órgano carnoso, que aporta un sabor dulce a los platos, varía en tamaño y en peso, en función de la edad del animal. La lengua de vacuno oscila de medio kilo a un kilo, mientras que la de porcino se sitúa entre 300 y 500 gramos. Al cocinar y preparar este alimento, es preciso tener en cuenta varias pautas desde el momento de la compra. Se debe prestar especial atención a la textura: tiene que ser húmeda al tacto y no pringosa (este factor denota falta de frescura). En la parte externa, puede tener manchas oscuras en la piel.
Para consumir la lengua en condiciones óptimas, antes hay que cocerla o estofar. Para cocerla, se lava con agua, se salpimenta y se introduce en una olla a presión cubierta con agua, una zanahoria, un puerro limpio y una cebolla abierta por la mitad durante 20 minutos.
Una lengua poco cocida tiene una consistencia dura y gomosa
Para comprobar si está a punto se pincha con un tenedor. Si está cruda, se mantiene en la olla hasta que quede muy tierna y el tenedor entre sin dificultad. Una lengua que no esté bien cocida tiene una consistencia dura y gomosa y se ingiere con dificultad.
Una vez cocida, se quita la piel cuando todavía está caliente. A continuación, se deja enfriar hasta que se endurezca y se corta en lonchas para servir. Se cocina frita, con harina y huevo, acompañada de una salsa.
Si se opta por estofar la lengua, hay que lavarla cuando todavía esté cruda y secar. Entonces se dora en una cazuela grande con aceite de oliva virgen, una cebolla, dos zanahorias y un puerro (troceado), dos dientes de ajo y sal. Hay que mezclar estos ingredientes y rehogar con vino blanco, que se deja evaporar. Luego se cubre con caldo de carne caliente y debe cocerse unos 90 minutos, hasta que quede tierna.
El proceso siguiente es el mismo que tras la cocción: pelar y partir en lonchas gruesas, pasar por harina, huevo batido y freír en una sartén con abundante aceite caliente. Cuando esté frita, se introducen las lonchas en la salsa (en un hervor medio) durante 20 minutos, se pone a punto de sal y, una vez cocinada, se deja reposar durante un día antes de comer.
Dos condimentos frecuentes en este tipo de platos son la salsa de tomate casera y la salsa vizcaína. No obstante, la más típica es la salsa española. Para realizarla, se pica la cebolla en láminas, la zanahoria, el puerro y el tomate y se sofríe todo en una cazuela. Cuando la verdura esté blanda, se añade una cucharada de harina y se vierte medio litro de caldo de carne. Se pasa por el pasapurés y se pone a punto de sal.
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