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Picamos muy finamente la cebolla, en un cazo fundimos suavemente la mantequilla y rehogamos la cebolla hasta que quede transparente. Añadimos el queso a trocitos y lo fundimos a fuego lento, sin dejar de remover.
Cuando esté fundido, añadimos la leche y la nata, despacio y sin parar de remover, a fuego lento.
Cuando se vea homogéneo y que empieza a hervir, retiramos del fuego y añadimos una pizca de nuez moscada.
No cabe duda de que las salsas aportan una jugosidad especial a los platos. El inconveniente que tienen es que suelen estar elaboradas a base de alimentos grasos y con un aporte calórico elevado, por lo que su consumo debe ser moderado.
La salsa de queso que se prepara en esta receta combina bien con muchos alimentos como ensaladas, y platos de carne o de pasta, ya que aporta un intenso sabor a los platos.
Los ingredientes como la nata y la mantequilla tienen una cantidad considerable de grasa, especialmente saturada. Este tipo de grasa se desaconseja en personas con problemas cardiovasculares, hipercolesterolemia, o que deban seguir una dieta baja en grasa. El queso azul constituye una buena fuente de proteínas, pero su contenido graso también es elevado.
Entre los minerales destacables de este alimento se encuentran el calcio, el fósforo y el sodio. Los quesos se consideran la mejor fuente de calcio del grupo de los lácteos, ya que en menos cantidad de alimento aportan más calcio que la leche o los yogures.
Las personas con hipertensión deben moderar el consumo de quesos curados, normalmente ricos en sodio.
También es interesante el contenido en vitamina A del queso azul, necesaria para una correcta visión y un adecuado estado de la piel.
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