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Remojamos los canelones en agua, siguiendo las instrucciones del envase. Una vez listos escurrimos y dejamos sobre un paño. Pelamos y picamos la cebolla; lavamos y cortamos en daditos los calabacines.
En una sartén con el aceite sofreímos los calabacines y la cebolla, con un poco de sal a fuego lento, hasta que estén tiernos.
Retiramos del fuego, escurrimos el aceite sobrante, dejamos que se enfríe un poco y mezclamos con los huevos duros picados, el queso, un poco de sal y una pizca de nuez moscada.
Rellenamos con esta mezcla los canelones, enrollamos y colocamos en una fuente de horno, cuyo fondo se habrá cubierto con una ligera capa de salsa de tomate. A la salsa bechamel añadimos el puré de piquillos, mezclamos bien y cubrimos los canelones con esta salsa. Ponemos encima queso rallado y unos pellizcos de mantequilla y gratinamos en el horno a 250 ºC durante 10 minutos o hasta que se forme una bonita costra dorada.
Deliciosa idea para educar el gusto por la verdura de los más pequeños. Esta receta da lugar a un plato muy equilibrado nutricionalmente, ya que están representados casi todos los grupos de alimentos. Con una ensalada variada de primero y una fruta de postre se puede disfrutar de una comida equilibrada.
La pasta combina perfectamente con el resto de ingredientes formando una armonía de sabores suaves ensalzados por el queso y los pimientos de piquillo.
El calabacín tiene múltiples aplicaciones culinarias, los ejemplares más sabrosos son los que se recogen entre julio y septiembre. Su consumo supone un aporte moderado de fibra, gran parte de su composición es agua y el resto está formado por hidratos de carbono, algunas vitaminas destacables como los folatos, pequeñas cantidades de magnesio y fósforo y un poco más de potasio.
El valor calórico de este plato hace que no esté indicado en dietas hipocalóricas, aunque sacrificando el sabor, se puede utilizar leche desnatada, quesos desnatados y margarina light, lo cual disminuiría bastante las kilocalorías de esta receta.
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