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Con un poco de aceite de oliva en una cazuela doramos la cebolla muy picada y una vez pochada la retiramos y la reservamos.
Hacemos lo mismo con las setas.
En el mismo aceite, doramos las codornices limpias y saladas e incorporamos la cebolla dorada, las setas, la salsa de soja, el Jerez, el caldo, el jengibre, la pimienta blanca y el azúcar.
Tapamos y dejamos cocer a fuego lento durante una hora.
Podemos acompañar las codornices de tallarines, que una vez cocidos se salsean en la salsa del guiso.
La carne de codorniz es una de las menos calóricas, debido a su menor contenido en grasa, aunque las calorías finales del plato dependen de la preparación culinaria que se le aplique. Su carne rica en proteínas, incluso en mayor cantidad que la carne de pollo o de pavo, es pobre en colesterol, por lo que la codorniz puede sustituir a otras carnes más grasas en aquellos casos en los que se esté siguiendo una dieta de adelgazamiento o en dietas de control de lípidos (hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia). Respecto a los minerales, destaca por su elevado contenido en hierro. En comparación con el resto de aves, la carne de codorniz constituye una buena fuente de vitamina B1 o tiamina, B2 o riboflavina y B6 o piridoxina. Los vegetales, champiñones y cebolla, la enriquecen en vitaminas, minerales como el potasio y fibra, que mejora el tránsito intestinal, sin aumentar en exceso las calorías. Es una receta adecuada para todas edades y en especial para personas que siguen regímenes de adelgazamiento o de control de grasas, eso sí, sin excederse con la cantidad de aceite y sin consumir la piel de las aves. En caso de hiperuricemia o gota y cálculos renales de sales de ácido úrico, por su contenido de purinas (de las codornices), que en nuestro organismo se transforman en ácido úrico, se tendrá que moderar su consumo.
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