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Los membrillos los pelamos, los cortamos en cuatro partes y los cocemos en agua para que estén blandos pero enteros.
A continuación se tamiza por un chino para eliminar los gránulos interiores demasiado duros.
Una vez obtenida la pulpa tamizada volvemos a cocer y cuando hierve se le añade el azúcar en una mezcla de 50% de azúcar y 50% de pulpa de membrillo.
Mantenemos cociendo unos veinte minutos más o menos y, a continuación, se envasamos en botes.
A continuación se dejan secar los envases a temperatura ambiente y ya está listo para su consumo.
Se recomienda guardarlo en al nevera y consumirlo en el plazo de una semana.
Aunque la industria alimentaria nos ofrece la posibilidad de obtener este exquisito dulce en cualquier momento del año, no tiene comparación con el que se elabora de forma tradicional con los membrillos de temporada. El membrillo es una fruta de otoño que tiene un sabor ácido y que puede emplearse para perfumar las habitaciones por el suave aroma que desprende. Normalmente se consume cocido o en forma de jaleas o dulces, ya que crudo no resulta muy agradable. Por su contenido en taninos puede tomarse como remedio en caso de diarrea. La elevada cantidad de azúcar necesaria para elaborar esta receta hace que no se aconseje su consumo en caso de diabetes. El dulce de membrillo puede formar parte de un buen desayuno o merienda si se extiende sobre unas tostadas y todavía resulta más apetitoso en compañía de queso y nueces.
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