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Mezclamos la infusión de té templada con la ralladura de limón, el zumo del propio limón, la gelatina sin sabor remojada en agua fría, los dos decilitros de agua y las yemas batidas, pero con cuidado de que no se cuajen las yemas.
Dejamos enfriar.
Agregamos el queso cremoso y endulzamos con el azúcar.
Batimos las claras a punto nieve bien firme y añadimos poco a poco a la preparación de té mezclando con la espátula.
Vertemos en cubiteras para helados y dejamos enfriar en el congelador durante 20 minutos.
Sacamos del congelador y removemos para que no se cristalice y quede un helado más cremoso.
Introducimos nuevamente en el congelador hasta que se congele totalmente.
El helado de té verde no solo supone un modo original de tomar esta aromática infusión, sino que el helado resulta realmente original, muy disitinto a los típicos sabores a fresa o limón.
Para elaborar este sorprendente helado casero se utiliza además de té verde, otros ingredientes como gelatina, huevos, queso crema y azúcar, por lo que el helado va a contener proteínas de alto valor biológico, hidratos de carbono y grasa, presente principalmente en el queso crema. Debido al contenido graso y calórico de alguno de sus ingredientes, conviene que este tipo de helados caseros se consuman de forma esporádica o en ocasiones especiales.
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