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Cortamos en tiras finas la pechuga de pollo, la impregnamos con un poco de ajo desecado y salamos ligeramente. En una sartén caliente y con un chorrito de aceite de oliva salteamos las tiras de pechugas hasta dorar. Sacamos las pechugas de la sartén y recuperamos los jugos añadiendo a la sartén unas cucharadas de vino blanco y el mismo número de cucharadas de agua. Dejamos que hierva un poco y con esta salsa salteamos las tiras de pechuga. Acompañamos de una ensalada de escarola aliñada con aceite de oliva, vinagre de vino y sal.
La pechuga de pollo es la parte menos grasa del pollo y por tanto la menos jugosa. Si se cocina a la plancha puede resultar muy seca, por ello, al impregnarlas con ajo y prepararlas en salsa con vino blanco, se puede disfrutar de un plato apetitoso y bajo en calorías. Resulta un plato adecuado para todas las personas incluso para los más pequeños a quienes, con frecuencia se ofrece la pechuga de pollo empanada. Añadir ajo en la receta puede evitar la adición de sal, algo que resulta muy interesante para aquellas personas que padecen hipertensión.
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