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La noche anterior a la preparación del plato, se ponen las alubias en remojo, en agua fría. A la mañana siguiente las escurrimos y las vertemos en una cacerola junto con la cebolla entera, el tomate entero, la calabaza partida en trozos, el ajo, el perejil, el pimentón y el aceite crudo. Lo cubrimos todo con agua fría y ponemos a cocer.
Cuando rompa el hervor, bajamos el fuego y dejamos cocer lentamente durante dos horas, procurando que las alubias estén siempre cubiertas de agua para que no suelten la piel.
Una vez las alubias estén tiernas, las sazonamos y las dejamos que sigan cociendo muy despacio durante cinco minutos, para que cojan el sabor de la sal.
Retiramos del fuego las alubias con el resto de ingredientes y las dejamos reposar, tapadas, unos diez minutos. Después las pasamos con la batidora y, posteriormente, formamos una crema fina con el pasapurés. Se sirve el plato caliente.
Las cremas y los purés de legumbres cumplen como mínimo dos propósitos. Por una parte, es una manera lógica de aprovechar restos del estofado del día anterior. Por otro lado, el plato sigue siendo igual de nutritivo e incluso más, ya que a los nutrientes de las legumbres se suman las vitaminas, minerales y fibra de las verduras escogidas para la mezcla. Incluso de esta forma se suaviza el plato y puede ser bien aceptado por los estómagos más delicados. De una u otra forma, para alimentarse bien se recomienda incluir legumbres dos veces a la semana como plato principal, y otras dos, como guarnición o como legumbre fresca (guisantes y habas).
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