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Disponemos en la cocina, a fuego medio, un cazo agua con una pizca de sal. Cuando el agua cueza a borbotón, sumergimos los huevos enteros, con cuidado para que no se rompan. Los cocinamos durante tres minutos.
Retiramos los huevos del fuego y los dejamos dentro del cazo un minuto, para que se cuaje bien la clara.
Servimos los huevos en una copita sobre la que se sostengan. Con cuidado, rompemos la parte superior de los mismos. Así podremos introducir la cucharilla y poder recoger el interior de la yema y la clara semi-cuajada.
Estos huevos se sirven al momento con una cucharadita de huevas de salmón o de caviar sobre la superficie abierta. Asimismo, decoramos con una ramita de cebollino.
Tal vez sea la forma más simple de cocinar los huevos. Y al mismo tiempo la más saludable, en tanto que no precisa de acompañamientos grasos que los puedan hacer indigestos. El huevo es el alimento de referencia en cuanto a proteínas de calidad, ya que dispone de todos los aminoácidos esenciales en la proporción más parecida a las proteínas humanas. Esta es una de sus virtudes nutritivas, pero tiene más: colesterol, sí, pero también lecitina que interfiere en la absorción del propio colesterol, vitaminas liposolubles A y D en la yema y una interesante cantidad de grasa; y proteínas y vitaminas del grupo B en la clara. Todo un conjunto de nutrientes en un alimento que no suele pesar unos 60 gramos. El acompañamiento de salmón, más que beneficio nutritivo, hace su papel como alimento decorativo, ya que la cantidad que se necesita en esta receta es poca. Si se tiene alergia al pescado, se cambiará el acompañamiento de huevas de salmón por otro que más agrade. En caso de diarrea, se optará tan solo por el huevo pasado por agua, bien cuajado.
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