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En un mortero o batidora, machacamos los ajos con el zumo de ½ limón y con un poco de sal.
Agregamos poco a poco y sin parar de remover el aceite en un chorro muy fino hasta formar una salsa ligada y homogénea.
Se trata de una salsa tradicional que por su fuerte sabor resulta excelente para acompañar carnes asadas. Untada en las tostadas de pan y acompañada de jamón serrano también resulta muy sabrosa. La base de la salsa es el aceite de oliva y los ajos. Por tanto son estos alimentos los que determinaran tanto su valor nutritivo como su digestibilidad. Aunque el aceite de oliva representa el exponente de los ácidos grasos monoinsaturados, también reconocidos por sus cualidades cardiosaludables, cabe decir, que la salsa resulta muy grasa y energética por lo que no conviene a todo el mundo. Además, al llevar tanto ajo, resulta fuerte incluso para el estómago, por lo que no es muy recomendable para quienes sufren de estómago delicado. No obstante, conviene probar la tolerancia individual, y dado el fuerte sabor, es suficiente con consumir la salsa alioli en pequeña cantidad.
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