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Embarazo: Síntomas

Viajar embarazada

No está contraindicado que una embarazada se desplace, pero es preciso tomar medidas para que el trayecto sea cómodo y se minimicen los posibles contratiempos

Imagen: Chad Kainz

Durante el embarazo son habituales molestias como náuseas, sensación de pesadez y de hinchazón, la necesidad de orinar frecuentemente, una piel más sensible, el estómago más delicado y otro sinfín de eventualidades que pueden desanimar a cualquier mujer en este estado a emprender un viaje. Sin embargo, nada contraindica que a partir de la semana 12 y hasta la 30, la embarazada pueda disfrutar y relajarse mientras hace turismo. Los consejos principales son relativos al confort en viajes largos: llevar ropa holgada, elegir los asientos más amplios y tranquilos, dar paseos o hacer ejercicios para activar la circulación sanguínea y contar con un buen equipaje de mano que incluya accesorios como tapones, cojines o mantas, así como recursos para amenizar el recorrido (libros, pasatiempos o auriculares, entre otros).

Son tres las principales premisas que hay que tener en cuenta: elegir un medio de transporte en el que la embarazada se sienta a gusto -conducir provoca una ansiedad innecesaria-, informar al conductor o a la empresa de transporte sobre el embarazo y cuidar cada detalle para un desplazamiento cómodo y relajado. Los especialistas en salud maternal recomiendan evitar el primer trimestre de embarazo y los meses en los que un parto prematuro sea posible. Solo hacen un inciso: después de una amniocentesis, que se realiza alrededor de las 16 semanas, es aconsejable no viajar hasta una semana después.

Objetivo del viaje: disfrutar

Es necesario llevar siempre a mano los datos clínicos del embarazo -historial y medicamentos recetados que se toman de forma habitual-, así como los teléfonos del médico, del centro de salud maternal y de los contactos a quienes recurrir en la ciudad de destino en caso de emergencia. Viajar acompañada da la tranquilidad de no tener que enfrentarse sola a una posible complicación del embarazo. El objetivo del viaje tiene que ser relajarse y la prioridad, evitar cualquier circunstancia que genere ansiedad y que, por tanto, pueda perjudicar al feto.

Por este motivo, conviene elegir el medio de transporte en el que más a gusto se sienta la embarazada. El barco es el primero que se debe descartar si es susceptible al mareo. En caso contrario, un crucero no supone ningún problema, salvo en un embarazo de riesgo. La limitación, igual que en el resto de opciones de transporte está en la 30ª semana de gestación, por las posibles complicaciones a partir de esta fecha.

Cuando se planifica el viaje hay que informar a la compañía y asegurarse de la atención sanitaria a bordo. El tren, el autobús y el avión, en cambio, cuentan con ventajas y desventajas que habrá que estudiar de manera detenida.

El avión, más rápido y cómodo

Un embarazo no es la circunstancia más adecuada para pasarse horas en un vagón o autocar. El avión, por su rapidez, es la mejor opción para emprender largas distancias (se evitará en caso de padecer aerofobia). Sin embargo, las gestantes son población de riesgo de sufrir el "síndrome de la clase turista", es decir, una trombosis venosa profunda. El aumento del volumen del vientre dificulta el retorno venoso de las extremidades inferiores. Por ello, si se elige esta opción de viaje, hay que cuidar de forma especial las malas posturas, hacer ejercicios para reactivar la circulación sanguínea y disminuir la hinchazón de los tobillos y dar frecuentes paseos (cada hora) por el pasillo del avión. Una ventaja es que el personal de vuelo propone recursos, ayuda a llevar el equipaje y facilita bebidas o infusiones.

En las cabinas de los aviones actuales, al estar presurizadas, no hay una reducción en el oxígeno que se respira. En cambio, esta disminución de oxígeno sí se registra en aeronaves pequeñas y avionetas, lo que provoca un aumento de la frecuencia cardiaca de la madre y del feto. En embarazos complicados o gestantes con hipertensión arterial, diabetes, embarazos múltiples o retardo del crecimiento intrauterino, no se recomiendan vuelos a más de 3.000 metros de altura.

Por lo tanto, si se quiere viajar en avión, habrá que informarse sobre si la cabina está presurizada y preguntar al médico si hay alguna complicación que desaconseje volar. En cambio, los detectores de metal por los que hay que pasar antes de embarcar no son perjudiciales para el feto. Pero como es esencial la tranquilidad de la madre, si le preocuparan esas radiaciones, puede solicitar que el personal femenino le registre. También es útil reservar con antelación un asiento en el pasillo o en las primeras filas para tener más espacio para moverse.

Utilizar ropa holgada y cómoda, zapatos bajos fáciles de poner y tener a mano alguna prenda de abrigo son algunas recomendaciones que ayudan a pasar mejor el trayecto. Por último, los especialistas desestiman la medicación que evita el jet-lag y sugieren que es preferible adaptarse poco a poco, antes de emprender el viaje, a la zona horaria del destino. Desde l'Associació Catalana de Llevadores (comadronas) aconsejan que si se viaja en avión a partir de las 35 semanas, se pida información a la compañía aérea, ya que cabe considerar el riesgo que suponen los vuelos de larga duración, sobre todo, los transoceánicos.

Autobús y tren, dos opciones por tierra

Frente al autobús y el coche, el tren es una elección muy recomendable con numerosas ventajas. Durante el trayecto, la embarazada puede moverse, estar de pie y caminar. También hay posibilidad de viajar de noche y aprovechar los trayectos para dormir en un coche-cama. Para trayectos largos, los trenes disponen de baño, cafetería y espacio para pasear. Renfe permite viajar hasta una semana antes de salir de cuentas, pero hay que presentar la autorización médica.

La mayor ventaja del autobús es tal vez la proyección de películas, que hace más llevadera la travesía. Alguna flota, sobre todo en itinerarios interurbanos, dispone de servicios VIP con asientos más cómodos, con más espacio, baño, bebidas y una azafata que atiende las necesidades de los pasajeros. Los trayectos cortos no plantean problemas, siempre que el firme de la carretera sea correcto y no haya aglomeraciones. En viajes interurbanos, es mejor avisar a la compañía del estado gestacional.

Si se viaja en coche, ante todo, se recomienda el uso del cinturón de seguridad. Un estudio realizado en la Universidad de Michigan (EE.UU.) concluyó que la mayoría de lesiones graves en gestantes se registraban en quienes no lo llevaban en el momento del accidente. Al usarlo, una mujer embarazada reduce hasta un 84% el riesgo de muerte o lesión fetal grave. La manera más adecuada de usarlo consiste en colocar una banda inferior por debajo del abdomen y ajustarla por encima de las caderas. La banda diagonal se coloca sobre la clavícula y entre los pechos. Después de la 30ª semana, hay que viajar siempre acompañada.

Contra el mareo y la incontinencia

Si las náuseas son habituales en algunos meses del embarazo, la gestante será más propensa a marearse en un viaje. Los chicles de Biodramina no están contraindicados para las embarazadas pero, aún así, es mejor preguntar al médico qué remedio es el más conveniente.

La necesidad de orinar a menudo es frecuente en las gestantes, por lo que es importante elegir un medio de transporte con baño y, si no lo tiene, acudir al servicio en todas las paradas. Aunque no debido a los tan populares antojos, es fundamental llevar comida en el bolso porque los alimentos que se sirven en el avión o cafetería del tren, incluso los snacks que se reparten en algunos autobuses, pueden agravar las náuseas o provocar ardor. Una botella de agua mineral ayudará a no deshidratarse, sobre todo, en el avión.


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