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Seis claves para saber cómo funciona la lactancia materna

Las hormonas y la succión del bebé fomentan la producción de leche, que se podría prolongar indefinidamente

  • Fecha de publicación: 20 de octubre de 2011
Imagen: makuneros

¿Conoces exactamente por qué es posible dar de mamar a los bebés? ¿Y sabes por qué la subida de la leche se produce tras el parto y no antes? Aprender cómo son y cómo funcionan las glándulas mamarias añade un nuevo motivo para admirar la naturaleza. Pero, además, permite comprender esas normas biológicas, químicas y emocionales que hacen posible la lactancia materna.

1. Producción y distribución

Imagina unas uvas. Las glándulas mamarias están formadas por multitud de racimos. Esos racimos están constituidos por pequeños sacos llamados alvéolos mamarios, y sus paredes se hallan tapizadas por las células encargadas de la producción de leche. Desde ellos, la leche es conducida a través de unos conductos que van confluyendo hasta llegar a la altura de la areola. Allí, antes de abrirse en la punta del pezón, se ensanchan formando una especie de remansos, llamados senos galactóforos ("galactos" significa leche, y "foros", llevar). En estos remansos se almacena una pequeña cantidad de leche, lista para ser exprimida y succionada por el niño.

2. Los estrógenos, el principal freno

Los alvéolos mamarios productores de leche ya están funcionando desde el quinto mes de la gestación, pero es el parto lo que desencadena su plena activación. Al expulsarse la placenta, cae el elevado nivel de estrógenos propio del embarazo y cesa el freno que estas hormonas ejercían sobre la acción de la prolactina. Esta hormona, producida por la hipófisis (una glándula situada en la base del cerebro) estimula entonces los alvéolos mamarios. Ella es la principal responsable de la subida de leche que tendrá lugar entre dos y cuatro días después del parto.

3. La prolactina, el acelerador

Para que el pecho siga funcionando más allá de ese primer impulso, es preciso que se mantengan altos niveles de prolactina. Esto se consigue, en parte, debido a que la succión del pezón produce un reflejo que induce a la hipófisis a liberar dicha hormona, pero sobre todo gracias al vaciado completo y frecuente del pecho.

4. La oxitocina, el transportista

Por más que la prolactina estimule los alvéolos mamarios, es preciso que la leche producida por ellos en la profundidad de las glándulas mamarias llegue cerca de la superficie para que el bebé sea capaz de sacarla. Ello se logra por la acción de otra hormona, la oxitocina, liberada también por la hipófisis y también en respuesta refleja a la estimulación del pezón. Esta hormona contrae los alvéolos mamarios, obliga a la leche a salir a través de los conductos y llegar hasta los senos galactóforos, lo que se conoce como reflejo de eyección. La oxitocina provoca también una beneficiosa aunque molesta contracción del útero: es la responsable de los característicos "entuertos" que se presentan al inicio de la lactancia.

5. El rol del bebé

Para poder obtener esa leche, es decir, para una succión eficaz, el bebé no sólo ha de chupar, sino que debe a la vez exprimir los senos galactóforos presionándolos rítmicamente con su lengua. De ahí la necesidad de que no coja el pezón por la punta sino que se lo introduzca profundamente en la boca y que pueda cubrir con ella la mayor superficie posible de la areola.

6. Para tener en cuenta

  • El vaciado del pecho estimula a la glándula mamaria al provocar la liberación de prolactina. Pero además de esto, ocurre que la leche contiene una sustancia que frena su propia producción. Es decir, cuanto más completamente sea eliminada con un buen vaciado de la mama, más leche se elaborará. La succión y la prolactina son importantes al principio de la lactancia, pero a partir de las dos semanas, influye más el vaciado frecuente y completo de los pechos.
  • La producción de leche (desencadenada por el parto, pero mantenida por la succión y por el vaciado del pecho) se podría prolongar indefinidamente, ajustando siempre la oferta a la demanda, pues cuanto más a menudo y completamente se vacíen los pechos, mayor será la cantidad de leche que producirán.
  • Las conexiones que existen entre la hipófisis y la sustancia gris de la corteza cerebral explican la influencia de los factores psicológicos sobre la glándula mamaria. Al ver u oír al bebé reclamando alimento, la hipófisis de la madre puede reaccionar segregando oxitocina. En sentido contrario, la ansiedad y el cansancio inhiben la liberación de prolactina. De ahí que la emoción del encuentro con el hijo recién nacido y el placer del contacto físico piel a piel contribuyan al éxito de la lactancia materna.
Imagen: CONSUMER EROSKI

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