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Campamentos de verano: una experiencia beneficiosa para los niños

Los campamentos suponen una experiencia lúdica y divertida para los niños llena de beneficios donde se continúa el proceso educativo desarrollado en el colegio

Imagen: .shock

Unos días en el pueblo con los abuelos o los tíos, una quincena en la playa o la montaña con los padres y, casi de manera obligatoria, de 12 días a un mes de campamento, colonias urbanas o curso de idiomas en el extranjero. Más o menos de esta forma se plantea cada año el verano para los niños. Las largas vacaciones escolares hacen imprescindible que los progenitores organicen el tiempo estival de sus hijos de manera que estén entretenidos, disfruten y sigan aprendiendo. E ir de campamento es la opción más completa: actividades, amigos, en un entorno nuevo.... En este artículo se explican los beneficios que los campamentos aportan a los menores, en qué fijarse para elegir el más adecuado y qué es lo último de este tipo de alternativas de ocio entre la enorme variedad que hay.

Beneficios de los campamentos de verano

Los campamentos, ya sean internos o de día, no son solo un espacio donde en verano tener entretenidos a los niños durante el tiempo que su familia, sobre todo por trabajo, no pueden estar con ellos. Desde los tres años ya pueden acudir a uno de día y, desde los seis y hasta los 17, los que implican quedarse a dormir en sus instalaciones resultan una opción muy atractiva. Todos ellos suponen una experiencia lúdica y divertida llena de beneficios donde se continúa el proceso educativo desarrollado en el colegio. "Es una alternativa de ocio y tiempo libre en la que los menores viven alejados de los videojuegos y los medios tecnológicos y están en contacto con la naturaleza", subraya el psicólogo infanto-juvenil Abel Domínguez, quien no concibe un verano sin campamentos. "Son una experiencia obligada y obligatoria", resume.

A los beneficios físicos que aportan (desarrollo de capacidades como la fuerza, la resistencia, la velocidad, la flexibilidad o la agilidad), se unen los intelectuales, ecológicos y solidarios, como aprender otro idioma u otros deportes, respetar el medio ambiente o conocer otras culturas. Pero principalmente destacan las ventajas sociales y emocionales. "Aprenden a convivir con sus compañeros, se refuerzan los lazos de amistad y se favorece su autonomía y autoestima", puntualiza el especialista de Domínguez Psicólogos.

A veces tendrán que montar una tienda de campaña, dormir al raso en un saco de dormir o remar una piragua, pero lo más seguro es que en muchas ocasiones tengan que hablar en público, hacerse entender en otra lengua, saber orientarse o respetar la opinión de otros para evitar conflictos. Y todo ello sin el apoyo, la protección o la supervisión de sus padres.

En este sentido, ir con amigos o con algún hermano puede ayudar a quienes acuden a su primer campamento; les dará seguridad. Y no habrá problemas por su integración, pues si los responsables mezclan bien a los niños, esos grupos se irán difuminando y superando a través de las distintas dinámicas dirigidas por los monitores.

En qué fijarse para elegir campamento

Según Domínguez, los campamentos "no se deben plantear al menor como un castigo ni como consecuencia de un suspenso, porque conseguiremos el efecto contrario. Pero tampoco es un premio. Hay que proponerlo para crecer, pasárselo bien".

Para ello, lo recomendable para escoger a cuál irá el pequeño es fijarse en que esté en concordancia con sus aficiones y su edad, sobre todo para saber si decantarse por uno interno o de día o, también, por uno tradicional de naturaleza, una granja-escuela, uno deportivo o de idiomas o por otros más de desarrollo del talento: música, ciencia, teatro, etc.

Si al niño no se le da bien un idioma, se desaconseja la inmersión lingüística, pues la estancia le resultaría complicada. Los tecnológicos tampoco son convenientes para menores hiperactivos. En cambio, los de naturaleza son todo un reto. "Todo niño debería pasar por la experiencia de tener que lavarse los calcetines", reconoce el psicólogo. Lo idóneo es negociar con el hijo el tipo de campamento al que acudirá. Los padres pueden elegir que sea en inglés, por ejemplo, y el pequeño la actividad: surf, robótica...

Imagen: mandygodbehear

Pero a la hora de decidir por uno u otro campamento, también hay que tener muy en cuenta a los organizadores. Como señala Rafa Fernández, de Acampalia Ocio, por un lado, están asociaciones, grupos de voluntariado o incluso colegios y, por otro, empresas que realizan actividades juveniles de forma privada tanto para usuarios privados como a través de concursos para las distintas administraciones públicas. "¡Cuidado con las falsas empresas que actúan bajo la denominación de asociación y que lo que hacen es no pagar impuestos!", alerta. Por eso aconseja conocer quién está detrás, qué recorrido tiene, con qué personal cuenta, etc. para evitar lamentos después.

Una vez elegido el tipo de campamento, llega el momento de hacer una búsqueda más profunda. En Internet hay diferentes buscadores. Tuscampamentos.es es de los pocos portales en los que se pueden poner y leer opiniones de otros usuarios; además, todos los campamentos que aparecen tienen un enlace a su web donde informarse mucho mejor del que llame más la atención.

Para intentar rebajar los precios de los campamentos que rondan los 200 euros de media por una semana, hay distintos descuentos. Los organismos públicos suelen aplicarlos en el caso de ser familia numerosa o perceptora de alguna ayuda social. Las empresas privadas, por su parte, lo hacen por acudir varios hermanos, pertenecer también a familia numerosa, familias monoparentales, por pronta inscripción e ir en grupos. Además, como comenta Rodríguez, en determinados campamentos se dan becas ya sea por nivel económico de las familias o por méritos del participante.

Lo último en campamentos

Además de los campamentos tradicionales y los especializados en diversas temáticas, en los últimos años se han puesto de moda los que trabajan el desarrollo emocional. Son campamentos urbanos o residenciales en los que se persigue favorecer el talento de los niños y potenciar sus habilidades personales y sociales a través de actividades relacionadas con la inteligencia emocional, la comunicación y la empatía, talleres de creatividad, técnicas de aprendizaje y motivación.

Los urbanos de Crece Bien en Madrid para niños desde los cuatro años, los de día o internos de Campus Promete desde los ocho años en Madrid y Pamplona (Navarra) o los Youth Camp para adolescentes en Cuenca o Barcelona son algunos de ellos.

Etiquetas:

campamentos, verano


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