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La UE financia un proyecto para fabricar un calzado personalizado, que se ajuste a las características de cada consumidor
Conseguir un calzado personalizado, como un traje a medida para los pies, es el objetivo que persigue el proyecto Euroshoe, uno de los principales programas de investigación que se desarrolla con apoyo financiero de la Comisión Europea y que se plantea como alternativa a la fuga cada vez mayor del proceso de producción industrial hacia otras partes del mundo, como el sureste asiático y el norte de África. En este proyecto, cuyo presupuesto es de 2.800 millones de pesetas, participan 33 universidades, centros de investigación y empresas de nueve países de la Unión Europea, entre ellos el Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV) y la firma de calzado Calana, de Salinas. Concluirá en 2004 y sus resultados pueden revolucionar el concepto del zapato como producto.
El proyecto Euroshoe está llamado a cambiar la forma de entender el zapato como producto y el actual modelo industrial de fabricación. Se trata de un programa que combina investigación y demostración, y que persigue fabricar un calzado personalizado, que se ajuste a las características de cada sector de la población e incluso de cada consumidor. Un zapato a la medida, como si de un traje se tratara, que se podrá vender directamente al comprador a través de Internet. Ello exigirá que las empresas adapten sus estructuras a este nuevo concepto, para dar una respuesta rápida y eficaz.
Para llevar adelante este ambicioso proyecto, uno de los más importantes de cuantos subvenciona la Comisión Europea en la actualidad, se han unido 33 organismos de nueve países de la UE, entre universidades, centros de investigación y empresas. La representación española está formada por el Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV) y la empresa Calana, de Salinas. Está previsto que los trabajos finalicen en marzo de 2004 y la inversión de 17 millones de euros (2.827 de pesetas).
El coordinador técnico de Euroshoe, Sergio Dulio, explica en una entrevista que publica la revista italiana Ars Arpel News que el proyecto comprende varias fases, que se están desarrollando paralelamente. El primer paso es conocer la dimensión y las características de esta hipotética demanda de calzado personalizado, entrevistando a expertos del sector y usuarios -una muestra de entre 1.000 y 1.500 personas en cinco países- con el fin de conocer el interés por este tipo de zapatos. Esta parte del trabajo está siendo realizado por la Universidad de Munich, cuya Escuela de Administración de Empresas cuenta con una larga experiencia en temas de consumo, junto con el IBV y otros dos institutos tecnológicos.
"Tenemos que comprobar -señala Dulio- qué entiende el usuario por calzado personalizado, que espera de este producto y cuántos consumidores pueden estar interesados en este tipo de producto. También queremos saber si el cliente querrá pagar más por estos zapatos hechos a medida y cuánto tiempo está dispuesto a esperar para conseguirlos."
Otra fase del estudio consiste en analizar los métodos de fabricación, examinando los ciclos productivos de las empresas que participan en el proyecto. El objetivo es ver cómo pueden atender estas empresas la nueva demanda y los cambios necesarios para ello. Sergio Dulio señala que, a diferencia de los sitios ya existentes en Internet que venden calzado personalizado, "nuestro proyecto va más allá de ofrecer sólo diferentes opciones sobre un mismo diseño. Lo que ofrecemos es realmente calzado hecho a medida, para las necesidades de cada cliente. Se trata de una auténtica revolución".
Pero todo esto, ¿a qué precio?. El coordinador de Euroshoe recalca que eso no será problema. "El reto de este proyecto es hacerlo todo a los precios no mucho más altos que los actuales: estimamos que este calzado personalizado podrá costar al consumidor cerca de un 20% más". Para ello hará falta contar con las herramientas y tecnologías adecuadas, "que todavía tendrán que desarrollarse, aunque estamos convencidos de que serán factibles. Hay que tener en cuenta algo muy importante: este sistema transforma toda la cadena de valor, en particular los márgenes de beneficio, que se distribuyen de forma diferente entre fabricante, distribuidor y detallista. Hay que pensar que no existen riesgos de acumular stocks ni se necesitan grandes almacenes".
Dulio considera que tres años es suficiente tiempo para desarrollar este ambicioso proyecto. "A finales de 2002 se hará un balance de la marcha de los trabajos con los ejecutivos de la Comisión Europea. En 2003 se realizará la validación: durante varios meses utilizaremos plantas de producción de empresas colaboradoras para atender las peticiones de un grupo de consumidores de varias ciudades aún por definir".
Será el momento de la verdad para el proyecto, el de enfrentarse a su plasmación práctica. A los consumidores elegidos se les escaneará el pie y elegirán el modelo de zapato que quieren, y cómo lo desean. "En diez días el comprador tendrá en su poder sus zapatos: calzado auténtico hecho a medida y completamente adaptado a sus gustos, a un precio sólo un poco superior al fabricado en serie".
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