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Desde los años cincuenta, la mortalidad se ha reducido más en Estados Unidos y en Japón que en los países de la Unión
La tasa de empleo de un país repercute en la esperanza de vida de sus ciudadanos y sus efectos pueden apreciarse en las tasas de mortalidad al cabo de pocos años, según revela un estudio realizado por expertos independientes para la Comisión Europea.
El análisis confirma que la riqueza, medida en términos de PIB, y el aumento de la productividad son, a largo plazo, el primer factor que determina un aumento de la esperanza de vida, pero añade que si este proceso supone reducción del empleo o destrucción de los puestos de trabajo «los beneficios para la salud de los mejores estándares de vida disminuirán sustancialmente».Los resultados tienen implicaciones para la UE, que tiene una alta tasa de paro, y para España, que tiene el mayor desempleo de los Quince. Así, desde los años cincuenta, la mortalidad se ha reducido más en Estados Unidos y en Japón que en los países de la Unión Europea, cuya tasa de empleo ha seguido una tendencia irregular.
Depresiones
Los resultados apuntan que el desempleo es causa de depresiones, ansiedad y aislamiento social pero, sobre todo, la pérdida del puesto de trabajo hace al trabajador perder un status socioeconómico, que es el principal factor establecido como indicador del estado de salud y enfermedad.
Además, el estudio incluye gráficos sobre la evolución del empleo en Estados Unidos desde principios de siglo (1912) que revelan una relación inversa entre la tasa de empleo y las tasas de suicidios, homicidios y muertes por enfermedades cardiovasculares, aunque con un _desfase_ de tres años.
En el caso de España, según el modelo elaborado por los investigadores, los cambios en la tasa de empleo tienen efecto en la mortalidad al cabo de varios años, en una franja que oscila entre los tres y los 11.
El impacto del empleo en la esperanza de vida se ha medido aislándolo estadísticamente de los efectos nocivos que tienen en la salud humana el consumo de tabaco, alcohol o grasas.
Por otro lado, otro estudio, éste de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), advierte de que unos dos millones de trabajadores mueren cada año en accidentes de trabajo o por enfermedades desarrolladas como consecuencia de su actividad laboral, y esto es sólo la «punta del iceberg», asegura el informe.
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