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La legislación actual permite al médico decidir en qué momento puede ser desconectado un paciente
En contraste con los habituales debates en torno a la eutanasia, el Tribunal Supremo de Justicia de Londres falló este viernes a favor de un paciente que teme que los médicos le retiren la alimentación e hidratación artificial cuando ingrese en la fase terminal de su enfermedad.
Leslie Burke, de 43 años y víctima de una grave enfermedad progresiva, llevó al Consejo Médico a la justicia por temor a que, bajo la actual directiva oficial para el tratamiento de pacientes terminales, los médicos británicos consideren que su calidad de vida no amerita su alimentación artificial. La directiva del Consejo abarca casos de pacientes que no pueden comunicar si quieren o no prolongar la intervención médica. Burke argumentó ante la corte que la directiva contraviene el derecho a la vida consagrado por la ley de derechos humanos de 1998 que incorporó la convención europea vigente en la materia.
El fallo obligará a replantear la directiva. El Consejo Médico señaló que ni la letra ni el espíritu de la misma quitan al paciente el derecho a decidir o la necesidad de llegar a una resolución basada en el consenso. "Nos alegra que la Justicia haya confirmado, como decíamos nosotros, que Burke tiene derecho a que sus deseos sean obedecidos. Queremos dejar claro que la directiva no busca concentrar el poder en las manos de un médico. Esencialmente intenta que la decisión se base en dos posibles conductas. En caso de que haya divergencia de opinión, estimamos que la corte debe intervenir", señaló el Consejo en un comunicado.
A pesar de estas palabras conciliadoras para un tema emocionalmente explosivo, el Consejo Médico admitió que estaba considerando la posibilidad de una apelación para "clarificar una serie de puntos difusos". El fallo fue recibido con júbilo por la Comisión por los Derechos del Minusválido.
Según una integrante de la comisión, Liz Sayce, existe en la sociedad una tendencia inconsciente a asumir que si el paciente es minusválido, su calidad de vida es menor. "Si alguien no es minusválido, tiende a dar por sentado que la vida de la persona debe ser terrible y que quizás lo mejor es que no siga viviendo", señaló Sayce.
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