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Ayudas para la emancipación de los jóvenes

En España se conceden diversas prestaciones para iniciar una vida independiente, aunque los requisitos excluyen a un porcentaje importante de candidatos

  • Autor: Por LAURA CAORSI
  • Fecha de publicación: 27 de noviembre de 2009
Imagen: Elena A.

Empezar una vida independiente siempre es un momento decisivo. Dejar atrás el hogar familiar para formar uno propio supone una transición económica y emocional que no siempre es sencilla. Los cambios cuestan, aunque en ocasiones el coste se eleva más de lo previsto. Hoy en día, la coyuntura económica adversa retrasa o frena los proyectos de independización de muchos jóvenes en toda España. Nuestro país registra uno de los índices de emancipación más tardíos de Europa. Este hecho, anterior ya a la crisis, está ligado a la cultura de la propiedad (sólo el 25% de los jóvenes prefiere alquilar en lugar de comprar), al endurecimiento de las condiciones bancarias para obtener préstamos y al encarecimiento progresivo de los pisos. Hasta hace un par de años, eran pocos los jóvenes que se iban de casa si no podían afrontar una hipoteca. Hoy, ni siquiera eso: la situación económica ha reforzado y agravado la estadística, porque incluso dificulta el acceso a la vivienda en régimen de alquiler. Las repercusiones de este panorama son diversas, aunque ninguna es positiva. De ahí que los diferentes organismos públicos hayan decidido instrumentar ayudas económicas. El objetivo es que el "salto al vacío" hacia la independencia tenga, al menos, una red de seguridad.

Ayudas para el alquiler

Las prestaciones para los jóvenes que quieren alquilar una vivienda -también denominadas rentas de emancipación- entraron en vigor el 1 de enero de 2008 y son una iniciativa del Gobierno central, aunque se gestionan a través de los departamentos de Vivienda de las distintas comunidades autónomas. Las ayudas están dirigidas a personas de entre 22 y 30 años, y consisten en 210 euros mensuales que se ingresan en la cuenta del beneficiario para colaborar en el pago del alquiler de su vivienda. Si en el momento de firmar el contrato de arrendamiento el futuro inquilino necesita un aval bancario, el Estado le facilita 120 euros para cubrir los gastos de la tramitación. También pueden solicitarse otros 600 euros para la fianza del piso aunque, en este último caso, el dinero se concede como préstamo y al finalizar el contrato de alquiler o el periodo de la ayuda, esta cantidad debe devolverse.

Las subvenciones tienen una duración máxima de cuatro años, que no han de ser consecutivos. Pueden pedirse en 2010, interrumpirse, y volver a solicitarlas dos años más tarde si la persona todavía cumple los requisitos. Eso sí, son acumulativas, de modo que, una vez que se agota ese periodo, cesan. También se interrumpen cuando el beneficiario cumple 30 años, si su salario aumenta y supera los 22.000 euros brutos anuales, o cuando cambia su situación patrimonial, ya que por ley el receptor no puede tener más de 108.182 euros. El tope de patrimonio e ingresos, así como el límite de edad, obedecen a que estas prestaciones están orientadas a los jóvenes que más las necesitan: se considera que el momento más difícil para emanciparse está en la horquilla de 22 a 30 años y que con un salario superior a los 1.800 euros brutos mensuales (o un respaldo económico importante) es posible afrontar el alquiler de un piso sin recurrir a las ayudas sociales.

Los beneficiarios de la prestación de emancipación pueden deducir el 10,05% de la cantidad que paguen por su vivienda

Aunque para muchos jóvenes 210 euros mensuales no alcanzan para cubrir ni la tercera parte del alquiler de su vivienda, el ahorro de dinero es cuantioso. Son 2.540 euros anuales o, a largo plazo, 10.080 euros si la prestación es completa y se extiende durante los cuatro años previstos. A su vez, cuando el beneficiario solicita los 120 euros para el aval y los 600 euros para la fianza, el ahorro en el primer mes se eleva a 930 euros. Otro punto muy importante es el beneficio fiscal, ya que las ayudas sólo se aplican para los alquileres que estén declarados en Hacienda. De esta manera, la renta de emancipación es compatible con la deducción fiscal a favor del inquilino. En números, esto significa que, a partir de la declaración de la renta, el joven beneficiario de la prestación de emancipación puede deducir el 10,05% de la cantidad que pague por su vivienda.

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