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Situaciones pre-morosas

La falta de empleo y ahorros, y un cálculo erróneo de la capacidad de endeudamiento son indicios de sufrir en breve una situación de morosidad

  • Autor: Por ROSA CUEVAS
  • Última actualización: 2 de enero de 2009

Los nuevos morosos

Imagen: David Playford

Si hace un año el pago de la hipoteca no quitaba el sueño a casi nadie, hoy muchas familias se ven asfixiadas al término del mes. Los efectos de la crisis económica comienzan a materializarse. Si se suman las actuales tasas de paro con el creciente aumento de solicitudes de regulación de empleo que sufre un gran número de empresas, más el sobreendeudamiento en la economía doméstica, el resultado es una situación límite, en muchos casos aviso de una próxima morosidad.

La Asociación Hipotecaria Española (AHE) anunció recientemente que la tasa de morosidad hipotecaria se había triplicado en el transcurso de un año. Los impagos de las cuotas en los préstamos concedidos a las familias españolas representaban en el mes de septiembre algo más del 1,8%, cuando hace tan sólo un año esa cifra apenas pasaba el medio punto. Y todo hace pensar que está cifra repuntará. De hecho, las previsiones de los analistas apuntan que a lo largo de 2009 la tasa de morosidad continuará al alza hasta llegar al 6%. Hasta aquí, lo que se conoce de una forma oficial; sin embargo, las entidades bancarias manejan cifras sobre los préstamos y créditos concedidos cuyo cobro les genera cierta incertidumbre y, según los últimos datos publicados por el Banco de España, el volumen de éstos asciende a 45.631 millones de euros, un incremento de 1.937 millones en tan sólo un mes.

Todo ello ha provocado la aparición de un nuevo perfil de moroso que nada tiene que ver con el que hasta la fecha era el deudor por excelencia, el que era profesional e intencionado y que no pagaba porque no quería. Para Pere J. Brachfield, profesor de Finanzas y Director del Centro de Estudios de Morosología en la EAE Business School, la coyuntura económica actual ha hecho salir a la luz al moroso fortuito, que deja de pagar sus gastos porque, por desgracia, ha enlazado los dos factores principales que hacen que un ciudadano se convierta en un insolvente. El primero, el desafortunado cálculo de endeudamiento que muchas personas realizan. Para que la economía doméstica esté saneada y se goce de cierto desahogo, la cuota de pago de todos los gastos acumulados, categoría en la que obviamente se debe incluir el pago mensual de la hipoteca y otros créditos, no debe superar un tercio de los ingresos netos mensuales de la familia. Cuanto más se aumente esta ratio y el esfuerzo financiero a realizar, peor será el índice de sobreendeudamiento. Además, si uno se deja de llevar y se solicitan préstamos o se gasta más de la cuenta, la falta de liquidez originada por cualquier contratiempo romperá el aparente equilibrio de la economía familiar. Esto no se ha tenido muy en cuenta, ya que hasta hace bien poco hemos atravesado la fase de bonanza económica más larga de historia reciente "en la que el derroche a toda costa reinaba", como recuerda Brachfield.

El desajuste se acusa de una forma mayor cuando el salario, fuente principal de ingresos en la mayoría de los hogares, peligra por una inminente situación de desempleo o de regulación del mismo. El peor escenario lo sufrirán aquellos con un nivel de vida y una hipoteca suscrita acorde a la cuantía de un alto salario, que ante una extinción de contrato puede quedar muy por encima del límite máximo que alcanza la prestación por desempleo: 1.055,33 euros, si no se tienen hijos menores.

Y si, además, estos dos factores se combinan con una falta de ahorro al que acudir en estos casos, el panorama que se avecina es muy negro. Toda una realidad en un país en el que la tendencia mayoritaria es la de disponer de una tasa de ahorro muy baja. Algo que comienza a cambiar tímidamente. Según las previsiones de la Fundación de Cajas de Ahorros (FUNCAS), se estima que las familias cuya situación económica así lo permita, reducirán su endeudamiento poco a poco por dos motivos:

  • La tasa de ahorro aumentará y alcanzará el 11% del PIB al término del año 2008 (unos 115.483 millones de euros), el 12% en 2009 y el 14% en 2010
  • La caída de la inversión en vivienda. La fundación prevé que la frenada en seco de la compraventa de inmuebles, unida al cambio de postura con respecto al ahorro, permitirán que el nivel medio de endeudamiento de las familias, que en 2007 se situaba en el 131% de su renta disponible bruta, disminuya notablemente.

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