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Cédulas hipotecarias

Estos títulos, cuya garantía son los préstamos ya otorgados por una entidad, son una inversión con pocos riesgos

  • Autor: Por ANNA SAVELLI
  • Fecha de publicación: 2 de octubre de 2009

Alta calidad

Imagen: sanja gjenero

A menudo se confunden los conceptos de hipoteca, crédito y cédula hipotecaria. Sin embargo, no es difícil distinguirlos. El crédito es una operación de financiación, y la hipoteca es la garantía inmobiliaria asociada a esta operación. La cédula, en cambio, es un título hipotecario cuyo deudor es la entidad financiera y tiene como garantía los préstamos ya concedidos. En la legislación española sólo hay un tipo de estas emisiones, aunque la Cédula Territorial tiene una naturaleza similar. Su garantía son los créditos frente a las administraciones públicas.

El mecanismo de las cédulas hipotecarias es sencillo: se presta dinero al banco a cambio de uno de estos títulos. Los préstamos hipotecarios ya otorgados actúan como garantía.

Son una inversión menos arriesgada que otros bonos emitidos por entidades financieras

La cédula hipotecaria es un producto de alta calidad que puede comercializarse a particulares y a empresas. No obstante, ni las personas ni las compañías no financieras pueden ser emisores. Tienen una tasa mayor que los depósitos a plazo fijo y cada mes devengan capital e intereses. En el caso de los inversores institucionales, el mínimo exigido es de 50.000 euros; para operaciones destinadas a pequeños y medianos ahorradores, éste se reduce.

¿Cuál es la diferencia con el plazo fijo? En las cédulas se diversifican los inversores y disminuye el riesgo para la entidad, que asegura su retribución. Además, estos títulos cuentan con doble garantía: la del emisor (banco o caja de ahorros) y el derecho preferente de los cedulistas sobre la cartera hipotecaria frente al resto de acreedores. Al contar con ambas, es una operación menos arriesgada que otros bonos emitidos por entidades financieras. A estas ventajas se añade un requerimiento legal que impide que el saldo de cédulas hipotecarias exceda el 80% de la cartera elegible. Así se aporta una cobertura mínima a los inversores.

Lenta recuperación

En España se ha desarrollado mucho la contratación de las emisiones de obligaciones y bonos a medio y largo plazo, en particular, la de títulos hipotecarios como las cédulas y los bonos de titulización. La diferencia entre ambos mecanismos de refinanciación radica en la transferencia o no del activo y, por tanto, en la permanencia o baja del balance de las entidades y en el consumo de capital de los créditos hipotecarios que sirven de cobertura. Según datos de AIAF (mercado de renta fija), en 2007 el volumen de emisión de ambas modalidades se situaba en 111.538 millones de euros, un 5% más que en 2006.

Estas cifras comenzaron a notar un retroceso en el segundo semestre del año pasado, pero en la actualidad, como indica Lorena Mullor, de la Asociación Hipotecaria Española, parece que el mercado de cédulas ha comenzado a reactivarse. En especial, tras las medidas anunciadas por el Banco Central Europeo (BCE) en junio sobre la compra de "covered bonds" (cédulas). Algunas entidades españolas han emitido desde esa fecha, aunque la situación todavía continúa lejos de la normalidad anterior a la crisis. En julio de este año, el BCE adquirió 23 millones de euros en bonos garantizados y cédulas hipotecarias. Esta operación se enmarcó en el programa puesto en marcha para adquirir hasta 60.000 millones de euros en este tipo de activos. Las compras de este producto forman parte de las medidas "no convencionales" aprobadas para reducir los costes de crédito e impulsar el flujo de préstamos.

Participaciones hipotecarias

La diferencia entre cédulas, bonos y participaciones está en la garantía (préstamos hipotecarios). Pero en estas últimas la emisión acarrea una verdadera cesión de la parte del crédito hipotecariosabedor, como indican desde ADICAE. La entidad emisora traslada la totalidad del riesgo de la parte del crédito que se cede.

Al contrario que con bonos y cédulas, el cliente no recibe un reintegro procedente de los intereses determinados con anterioridad por la entidad emisora. Lo percibe de manera directa y de forma proporcional al préstamo hipotecario. En caso de impago de éste, quien adquiere las participaciones asume el riesgo.

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