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Reunificar deudas: ¿quién puede hacerlo?

Es necesario contar con un piso en propiedad, con o sin cargas, y que la cuota total resultante no supere el 80% de su valor actual

  • Autor: Por GRACIA TERRÓN
  • Fecha de publicación: 23 de abril de 2010

Casa, coche, tarjetas... el cúmulo de créditos a los que se enfrentan numerosos hogares desborda el presupuesto familiar. Una solución puede ser solicitar a la entidad bancaria una refinanciación o reunificación de deudas. La demanda de estos servicios se ha disparado en los últimos meses. En 2009, el porcentaje de solicitudes se incrementó un 50% respecto a 2008 y, en lo que va de 2010, se ha incrementado un 75%, según datos de la Agencia Negociadora. No obstante, querer no significa siempre poder. Las entidades imponen criterios duros para autorizar esta operación, que une todos los préstamos en uno. Al ser un producto de carácter hipotecario, para poder optar a él es imprescindible que el cliente tenga una vivienda, con o sin cargas, ya que se utilizará como "aval" del nuevo préstamo.

Un mercado que revive

Con la tasa de paro en el 19% de la población activa (ya son más de cinco millones de personas desempleadas), a un buen número de familias les cuesta llegar a fin de mes. La acumulación de deudas y el mantenimiento del consumo en tasas elevadas han llevado al límite la capacidad económica de estos hogares para hacer frente a sus compromisos financieros. La reunificación es una alternativa que les proponen los bancos para unir todos los préstamos en uno.

En general, permite reducir la cuota mensual que se paga, a costa de extender en el tiempo el préstamo. Se agrupan todo tipo de créditos: personales (para financiar coche, muebles, electrodomésticos, viajes, estudios), hipotecas, tarjetas, préstamos rápidos concedidos sin apenas papeleo. Tras el correspondiente estudio, si la operación es viable, el resultado debe ser la firma de una nueva hipoteca, a un plazo superior al anterior y con una letra hipotecaria mensual más baja que la suma de las letras de todos los créditos. No obstante, puesto que el crédito se firma a un plazo más prolongado, se abonan intereses mucho más altos que los pactados en la primera operación.

La unión de créditos reduce la cuota mensual, a costa de extender en el tiempo el préstamo

En los dos últimos años, al igual que ha ocurrido con las hipotecas, bancos y cajas se han mostrado muy reacios a realizar estas operaciones. Cuando los préstamos se firman con varias entidades, el riesgo de impago se reparte, pero si se unifican en una nueva hipoteca, una única entidad asume todo el riesgo. Entre el 70% y el 90% de los intermediarios que operaban en este ámbito ya no lo hacen y sólo los más grandes -que tienen acuerdos de colaboración con las principales entidades financieras- siguen en activo.

Los posibles beneficiarios

La reunificación de deudas resulta interesante para quienes necesiten liquidez y pasen apuros para pagar las diferentes cuotas de sus préstamos. Algunas entidades conceden de nuevo este tipo de operaciones porque no sólo son una solución para miles de familias, sino una oportunidad de captar los clientes hipotecarios más rentables.

Aunque la morosidad es alta (supera el 5% en el caso de los créditos hipotecarios), en los últimos meses se ha registrado una desaceleración. Además, es inferior en el ámbito hipotecario que en el de los préstamos personales (donde ya alcanza el 12%), debido a una mayor preocupación por pagar cuando está en juego la vivienda.

Estos factores han contribuido a que la actitud de los bancos sea ahora más proactiva que hace un año, si bien los criterios de selección que aplican las entidades son duros y muy similares a los que conciernen a las hipotecas tradicionales. En general, sólo autorizan la unión de préstamos a clientes que conocen y a quienes las deudas no les ahogan.

En ningún caso permiten que el capital total que queda por amortizar y que compondrá la nueva hipoteca supere el 80% del valor de tasación del piso. Este aspecto ha sido el principal freno a numerosas reunificaciones en los últimos dos años, ya que la caída del precio de los inmuebles ha provocado una desvalorización de las casas. Un piso que se compró en pleno "boom" por 300.000 euros, puede valer hoy hasta un 35% menos, 195.000 euros. Este nuevo cálculo llevaría al traste una reunificación, ya que el 80% de este nuevo valor es 156.000 euros. Para comprobar el valor actual del piso, la entidad financiera que estudia la operación solicita un estudio de tasación a una empresa especializada independiente.

Sólo se autoriza la unión de préstamos a clientes conocidos y a quienes las deudas no les ahogan

Otro requisito exige que, como máximo, el nuevo préstamo hipotecario que surgiría de la reunificación no supere el plazo de amortización de 30 años. Igual que ocurre con las hipotecas, la cuota resultante del crédito "reunificador" no puede superar el 35% de los ingresos netos mensuales que acumula la unidad familiar. Si es más elevada, la operación se denegará.

En los mejores casos, se concede incluso una línea de liquidez que se sumaría al capital total por amortizar del nuevo préstamo. Además de unir todas las deudas en una, se otorgaría una cuantía adicional para que el cliente pudiera vivir más desahogado.

Para optar a este servicio, solicitan clientes con una solvencia media, que no hayan incurrido en impagos y, si es posible, que tengan gran parte de la hipoteca ya amortizada. Es difícil que se conceda a clientes inmersos en procesos de embargos o con una subasta inminente, como ocurría en los años anteriores a la crisis.

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