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Minicréditos: luces y sombras del dinero rápido

El auge de Internet y la crisis han hecho que las ofertas de dinero rápido triunfen y las compañías especializadas en la concesión de minipréstamos proliferen

Imagen: Images Money

Préstamos de importes bajos, inferiores a los 1.000 euros, y plazos de amortización muy breves, por lo general de 30 días como máximo. Así es el perfil clásico de los minipréstamos, un producto que ha alcanzado una fama considerable durante los últimos años gracias a la facilidad con la que permiten conseguir un extra de liquidez en momentos de necesidad. Con un par de clics y apenas unos minutos, se puede recibir un sobresueldo en la cuenta. Pero ¿son todo ventajas? En este artículo se analizan los pros y contras de estos minicréditos.

¿Cómo funcionan los minicréditos?

El funcionamiento de este tipo de productos, que no dejan de ser préstamos personales pero con características particulares, es sencillo. El prestatario decide: qué cantidad necesita, con un máximo de 300 euros, si es nuevo cliente, y de hasta 900 euros, si ya se ha devuelto un crédito con anterioridad; y el plazo de amortización, que no suele superar los 30 días.

Gracias a los simuladores que las compañías de dinero rápido tienen instalados en sus páginas webs, el usuario puede saber antes de solicitar el préstamo cuánto le costará. Lo idóneo para poder comparar las distintas ofertas es seleccionar el tipo de crédito que se precisa, por ejemplo 100 euros a 30 días, e ir comparando cuánto cuesta en cada prestamista.

Los préstamos rápidos a examen

Los minicréditos funcionan bien en tiempos de crisis. Permiten conseguir dinero rápido sin explicaciones y a través de Internet. Los criterios de aprobación son más laxos que los del banco. Pero su precio también es superior: el servicio y las ventajas que ofrecen, sobre todo la rapidez, se pagan.

Sobre los minipréstamos se ha escrito mucho y circulan toda una serie de ideas que les han propiciado una fama no demasiado buena. Pero ¿todo lo que se dice sobre este tipo de productos es cierto? Analicemos los tres puntos que más dan de qué hablar en torno a ellos:

  • Son rápidos, pero no tanto. Las compañías de minipréstamos venden rapidez, pero el cliente puede llegar a tardar hasta 48 horas en recibir el dinero. No es mucho tiempo y está por debajo de lo que tardaría un préstamo personal bancario tradicional, pero tampoco son siempre tan rápidos como prometen. ¿La razón? La recepción del dinero no depende solo de la celeridad del prestamista, sino también del banco emisor de la transferencia.

La normativa establece que una transferencia SEPA (zona única de pagos en euros) debe tardar un día hábil; pero si se realiza después de la hora de corte, tardará dos; y si se hace un viernes o un fin de semana, más. Lo mejor para evitar retrasos es solicitar un minicrédito a un prestamista que emita sus transferencias desde el mismo banco que el del cliente; así será una transferencia entre cuentas del mismo banco y será casi instantánea.

  • No son tan caros como parece. La principal crítica que recibe este tipo de producto es su precio. Y es que son más caros que los préstamos personales de los bancos, pero el servicio que ofrecen es distinto. Si se busca rapidez y comodidad, hay que pagarlas.

    Por otra parte, la TAE parece desorbitada, pero no hay que olvidar que es una medida anual y que el minicrédito tiene un vencimiento de un mes, por lo que no es una buena forma de calcular su importe. Si el dinero prestado se mantuviese durante un año, el coste final sería muy elevado, pero al ser a 30 días, las cuotas son asequibles y pueden oscilar entre los cero euros de algunas promociones, hasta algo más de 30 euros por cada 100 euros prestados.

  • La información es transparente. Desde el primer momento, el cliente puede conocer lo que le costará el préstamo. Además, en el contrato y en la información normalizada europea, se especifican todos los datos, como los intereses de demora o las penalizaciones por devolver de forma anticipada el dinero.

Velocidad, precio y transparencia son los puntos sobre los que circula más información y también aquellos a los que el cliente presta más atención al solicitar un minicrédito, un producto pensado para cubrir necesidades puntuales, y no como método de financiación habitual. En cualquier caso y al igual que ocurre con cualquier otro producto, lo mejor es comparar y entender lo que se contrata. No hay que firmar nada que no se entienda ni nada que no se haya leído previamente.


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