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Tarjetas de crédito: ¿amenazan nuestra economía?

Las tarjetas de crédito pueden ser muy útiles, pero desconocer su funcionamiento y sus condiciones puede acabar saliendo muy caro a sus usuarios

Imagen: Jinx!

Las tarjetas de crédito están más que asentadas en nuestro país. Durante el segundo trimestre de 2015, había en circulación 43,64 millones, casi la misma cantidad de "plásticos" que de habitantes. En cambio, su uso está por debajo del efectivo. Según un estudio del Centro del Sector Financiero de PwC y la IE Business School, el dinero en metálico lo utilizan el 100% de los españoles, mientras que las tarjetas de crédito solo un 76,6%. Aun así, se han convertido en un medio de pago y de financiación muy habitual en España. Sin embargo, las tarjetas de crédito entrañan ciertos peligros que pueden desencadenar una espiral de deuda de la que es difícil y caro salir. En este artículo se analizan tres de ellos.

¿Cuándo conviene pagar a crédito y cuándo no?

Aunque las tarjetas de crédito admiten distintas modalidades de pago, como el abono a fin de mes sin intereses, su principal ventaja es la posibilidad de poder fraccionar las compras y pagarlas mes a mes en cómodas cuotas. Financiación al instante, sin papeleos ni esperas, pero a cambio de abonar intereses. Utilizarlas de forma habitual para fraccionar adquisiciones es sinónimo de estar continuamente endeudados y de sumar a su importe intereses que acabarán haciendo mella en nuestra cuenta corriente.

Entonces, ¿cuándo usarlas? Son muy útiles cuando se quiere financiar una compra puntual que se sale del presupuesto, siempre que se analice antes la operación y se prevea que se podrá hacer frente a las cuotas. Hay que recordar que no se debe dedicar más del 30% o 40% de los ingresos a satisfacer deudas, de ahí que ir sumando créditos no sea lo más adecuado.

¿Y cuándo no emplearlas? Si ya se tienen otras deudas o si no se podrá hacer frente a las cuotas, hay que evitar su uso. Tampoco es recomendable fraccionar una compra de un importe elevado, si eso significará alargar la deuda durante mucho tiempo, ya que cuanto más se dilate el plazo y menos se pague cada mes, más intereses se acabarán abonando.

Tres peligros de las tarjetas de crédito

Más allá de todas sus ventajas (comodidad, seguridad al no tener que llevar grandes cantidades de efectivo en la cartera, posibilidad de fraccionar una compra de manera puntual o incluso beneficiarse de descuentos o servicios exclusivos como el balance transfer), las tarjetas de crédito tienen ciertos peligros que hay que conocer para no caer en ellos:

  • Abonar un tanto por ciento de la deuda mínimo supone acabar pagando mucho más. Si se financia una compra y se opta por pagar una cantidad mínima cada mes del total, la deuda se puede encarecer y alargar sobremanera. Un ejemplo. Imaginemos que adquirimos un ordenador de 1.000 euros y lo financiamos con la tarjeta de crédito, que tiene un interés del 25%. Nos ofrecen dos opciones: o bien pagar en 12 meses, lo que implicaría abonar una cuota mensual de 95,04 euros y acabar pagando unos intereses de 140,52 euros; o bien abonar un tanto por ciento mínimo cada mes, por ejemplo un 5%, para ir más desahogados. En este último caso, y si estableciésemos que la cuota mínima mensual fuese de 10 euros, la deuda se alargaría durante más de cuatro años y medio y se acabarían haciendo frente a más de 500 euros de intereses. Lo idóneo es pagar el máximo posible y cancelar la deuda cuanto antes.
  • Desconocer las condiciones y el modo de pago que incorpora la tarjeta. Como con cualquier otro producto financiero, es importante saber su funcionamiento y sus condiciones. Hay que prestar especial atención al tipo de interés, a la cuota de emisión y de renovación y las comisiones que tenga y, por supuesto, también al modo de abono que lleve incorporado el "plástico". Cuando se solicita una tarjeta de crédito, la entidad la emite con una forma de pago concreta. Si no nos damos cuenta de cuál es el que lleva y empezamos a gastar, nos podemos encontrar que de repente hemos financiado un buen puñado de compras y tenemos que pagar intereses excesivos por cargos que queríamos liquidar de golpe a final de mes. ¿Qué hay que hacer, entonces? Leer el contrato antes de firmar y cambiar el modo de pago de la tarjeta antes de utilizarla, si no incorpora el que nos interesa.
  • Gastar sin moderación e ir sumando deudas. Otro de los peligros de los "plásticos" es la facilidad con la que se puede gastar dinero. Al estar asociadas a una línea de crédito con fondos de la entidad, puede parecer que el saldo sea ilimitado, pero no es así, ya que todo lo que se cargue en la línea de crédito luego se tendrá que abonar. Y si no se puede hacer frente a los pagos o se supera el límite de crédito de la tarjeta, las comisiones de demora o por descubierto pueden suponer un desembolso importante y encarecer mucho la deuda.

En definitiva, las tarjetas de crédito son un producto muy útil y cómodo en muchas ocasiones, pero hay que saber cuándo y cómo utilizarlas y, sobre todo, cómo funcionan para no llevarse un susto en el futuro.


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