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Elegir frigorífico y lavavajillas: el consumo eléctrico es la clave

El sobrecoste de comprar los más eficientes se amortiza en cuatro años y el resto de su vida útil aportan un gran ahorro en la factura

  • Última actualización: 19 de noviembre de 2009

Consumo energético

Los electrodomésticos consumen más de lo que se cree y, si se elige bien en el momento de la compra, permiten un ahorro muy superior al imaginado en la onerosa factura de la luz. La pregunta consiguiente es: ¿y cómo saber lo que consume en realidad cada uno de estos electrodomésticos, para elegir el más eficiente? No es difícil: desde 1994, los que se venden en España incluyen etiquetas que informan de su eficiencia energética, un dato cada vez más conocido y tenido en cuenta por los consumidores a la hora de comprarlos. Y, también, una característica de los electrodomésticos que, con el paso del tiempo y la evolución del mercado y de la sociedad (ahorrar energía en la vida cotidiana no sólo equivale a reducir el importe de la factura eléctrica sino también a mostrarse más compasivo con el medio ambiente), ha ido convirtiéndose en esencial, e incluso, la más relevante. Porque los diversos fabricantes de frigoríficos y lavavajillas ponen en el mercado aparatos con prestaciones y características muy similares. Precio y consumo energético son, así, claves fundamentales a la hora de elegir uno u otro modelo, una u otra marca.

Los electrodomésticos más eficientes en el consumo de energía son normalmente más caros que los derrochadores, pero la buena noticia es que este sobrecoste se amortiza en menos de cuatro años, tal es el ahorro que permiten en la factura eléctrica. Transcurrida toda su vida útil (la media es de unos diez años), el ahorro que se logra respecto de los menos eficientes es de cerca del 75% del consumo eléctrico total, es decir, varios centenares de euros. Ahora bien, no todos los aparatos consumen lo mismo ni invierten el mismo tiempo en realizar su función, por lo que conviene conocer sus prestaciones y el modo de ahorrar con ellos.

Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), frigoríficos y congeladores representan el 19% de la electricidad consumida en los hogares de nuestro país. Por esta razón, deviene fundamental comprarlos de tamaño y prestaciones ajustados a las necesidades de cada hogar y, esto siempre, que incluyan etiquetas más exigentes que la clase A, aprobadas específicamente para estos electrodomésticos. Las clases de eficiencia sólo son comparables dentro de la misma categoría de electrodomésticos y entre equipos del mismo tipo que además realicen las mismas funciones. Cada letra que se baja en la escala, a partir de la A, supone un incremento del consumo energético de alrededor de un 12% más que la letra que le precede. Así, un electrodoméstico clase A consume hasta un 38% menos que uno de iguales prestaciones de clase C, y hasta un 58% menos que uno de clase D. El máximo ahorro lo aportan los electrodomésticos clase A++, con un consumo de hasta el 30% respecto a uno de clase A+. Un frigorífico clase A consume aproximadamente 450 Kw/h menos al año que otro de clase G del mismo volumen, lo que puede suponer el ahorro de unos 50 euros al año. Al final de su vida útil se habrían ahorrado unos 600 euros, pero lo que interesa es que sean A+ y A++, los más eficientes.

Frigoríficos y congeladores representan casi el 19% de la electricidad consumida en los hogares

En este apartado, el del consumo energético, también tiene mucho que decir el lavavajillas, electrodoméstico que, por muchas e inspiradas páginas que se escriban sobre sus bondades, sólo quienes lo han usado cotidianamente conocen el grado de dependencia que se puede manifestar hacia él cuando se estropea o se pasan unas semanas de asueto en un apartamento que carece de friegaplatos eléctrico. Las funciones de almacenamiento y lavado en apenas 15 minutos, según el programa, ahorran tiempo, e incluso dinero respecto de limpiar con agua caliente plato a plato toda la vajilla en el fregadero. Ahora bien, tanto en el lavavajillas como en el frigorífico, el ahorro se basa en los niveles de consumo y de rendimiento del electrodoméstico. Si cuando se adquiere se hace una buena elección, no sólo se ahorrará mucho dinero sino que se evitará la emisión de cantidades nada despreciables de CO2 a una atmósfera saturada de contaminación. No obstante, cada uno de estos "reyes de la cocina" ha de demostrar su propia capacidad a la hora de satisfacer determinadas exigencias. La conservación de los alimentos dependerá, en gran medida, del frigorífico que elijamos de acuerdo a las necesidades familiares. El seguimiento de estos prácticos consejos convierte en sencillo que el lavado automático de platos, vasos y cubiertos se realice del modo más económico y rápido posible.

ANTES DE COMPRAR UN FRIGORÍFICO CONVIENE VALORAR...

  • Su ubicación. No sólo para conocer las dimensiones que ha de tener, sino también para elegir el color o la panelación, acorde con el mobiliario que lo rodea.
  • El uso y frecuencia de utilización. Hay que pensar en el número de personas que lo van a usar, si su uso será diario y si va a albergar gran cantidad de alimentos congelados. No merece la pena realizar la misma inversión en el frigorífico de una casa de verano que en el de la vivienda en la que se habita todo el año.
  • La capacidad de la nevera , que se mide en litros. Para una persona que vive sola puede ser suficiente un frigorífico de entre 100 y 150 litros, mientras que en una casa de tres o cuatro personas conviene un frigorífico de 350 a 500 litros.
  • El tiempo de conservación de los productos congelados. No es lo mismo congelar para dos días que para varios meses. La capacidad de congelación viene dada por las estrellas del congelador:
    • Una estrella: -6º C de mínima temperatura. Son congeladores diseñados para mantener unas horas los alimentos.
    • Dos estrellas: -12º C de temperatura mínima. Los alimentos se pueden congelar aproximadamente hasta tres días.
    • Tres estrellas: -18º C de mínima temperatura. Los alimentos se mantienen en buen estado congelados durante meses.
    • Cuatro estrellas: la congelación es más rápida y permite congelar una mayor cantidad de alimentos.
  • Precios. Van de 350 a 600 euros en un frigorífico convencional de una puerta, y de 550 euros a más de 1.000 en los frigoríficos "combi".

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