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Los sistemas anticlonación y la colocación de chips en las tarjetas son algunas medidas de seguridad para mitigar el fraude en los cajeros
- Imagen: Toolshed4 -
Los cajeros automáticos son instrumentos muy útiles para obtener dinero en cualquier momento del día y de la noche sin necesidad de esperar largas colas en el banco. Agilizan las labores de los empleados y permiten a los usuarios realizar la operación con rapidez. Pero también tienen inconvenientes y uno de los principales es la posible inseguridad a ciertas horas o en las máquinas ubicadas en lugares menos concurridos. Cabe la posibilidad de que los ladrones copien la banda magnética de la tarjeta, roben al usuario en la propia sucursal o pirateen el sistema informático. Para evitar que esto suceda, las entidades ponen cada vez más énfasis en implantar sofisticadas medidas de seguridad. Entre otras, destacan los sistemas anticlonación y la colocación de chips en las tarjetas, que ayudan a mitigar el fraude.
Los delincuentes pueden introducir virus que afecten a los cajeros automáticos, como sucede en los ordenadores
Hace años, en la mayoría de los robos que se registraban en cajeros se utilizaba la fuerza o la amenaza. Los ladrones coaccionaban a las personas que querían sacar dinero para que les dieran la clave o les sustraían los billetes después de efectuar la operación. Más tarde, el fraude evolucionó hacia la copia de la banda magnética de las tarjetas por medio de diversos dispositivos y, hoy en día, además de estos métodos, se utiliza la infección de los terminales con virus para robar a los clientes.
A cada técnica de hurto le sigue una tecnología que intenta impedir que los ladrones alcancen su objetivo y, tras cada sistema antifraude, se idea una nueva táctica para robar. Las innovaciones tecnológicas que se han implantado parecen ciencia ficción, pero son una realidad en algunos países.
Una de las formas más novedosas para luchar contra el fraude en cajeros automáticos es la biometría. A través de la forma de la mano, el iris o las huellas dactilares, la máquina detecta si el usuario es el propietario de la tarjeta o intenta suplantar su personalidad.
Si el sistema verifica la identidad de una persona a través de la mano, basta con que el usuario ponga la palma en el lector y el programa permitirá al individuo realizar su operación si es el dueño de la tarjeta. El terminal le reconoce a través de una exploración geométrica, en función de la forma de la mano y la distribución de las arrugas.
También es posible que la detección se realice a través de la huella dactilar, que es única para cada ciudadano. Este método favorece que la posibilidad de error o falsificación sea muy remota.
Algunos programas estudian el sistema vascular antes de autorizar la operación en el cajero
Otra de las alternativas que aporta la biometría es la identificación del rostro a través de determinadas facciones de la persona. El usuario solo podrá obtener dinero del cajero si el semblante se ajusta al del propietario de la tarjeta.
Cuando la detección se realiza a través del ojo, la biometría diferencia el iris de cada persona sin que quepa posibilidad de que haya dos iguales.
Mediante tecnologías aún más complejas se puede estudiar el sistema vascular de cada individuo. El programa es capaz de examinar las venas de una persona y desvelar su identidad. Solo con posar la mano o poner delante del cajero el rostro o la retina, el sistema examina las venas y su distribución y permite o deniega el acceso.
No obstante, la biometría no está extendida en España como sistema de detección de fraudes de identidad en los cajeros automáticos. Aunque sí se ha utilizado de manera experimental en algunas entidades, su grado de implantación es mínimo.
Uno de los fraudes más frecuentes es la copia de los datos incluidos en la banda magnética de la tarjeta y el robo de la clave a través de dispositivos colocados en el cajero automático. Los ladrones pueden hacerlo mediante la instalación de pequeñas cámaras en el terminal o falsos teclados y lectores superpuestos en el cajero.
Para evitarlo, cada vez más sucursales cuentan con dispositivos que detectan estos elementos extraños y los inutilizan. También es posible instalar teclados que reconozcan su propia manipulación e impidan que se lleve a cabo el fraude. Estos aparatos perciben cambios en el entorno del cajero, como la colocación de cámaras para grabar la clave o teclados falsos, y avisan de modo inmediato a la entidad de lo ocurrido.
El chip es otra medida de seguridad que se introduce de manera progresiva y que hoy en día alcanza a un elevado porcentaje de las tarjetas de crédito. La mayoría de los plásticos que se expiden en la actualidad cuentan con esta medida de seguridad adicional.
Copiar la banda magnética de una tarjeta es algo sencillo. Por ello, Europay, Mastercard y Visa han diseñado el sistema EMV, que reduce las posibilidades de que esto suceda. Se ha integrado en las tarjetas un chip que proporciona mayor seguridad tanto al sacar dinero, como en el momento de realizar compras en establecimientos.
Cuando se introduce la tarjeta en el cajero, este detecta al momento si es auténtica, con lo que el riesgo de fraude por clonación desaparece. También obliga al usuario a teclear la clave en las tiendas donde utilice la tarjeta, algo que incrementa la seguridad en caso de robo.
La picardía de los ladrones avanza con rapidez y, ante las nuevas medidas de seguridad, atacan con tretas cada vez más sofisticadas. Una de las más avanzadas es la introducción de virus en los cajeros automáticos.
Estos tienen sistemas operativos como los de los ordenadores y están conectados a un terminal central. Al introducir un programa malicioso en sus sistemas, pueden conocer las claves y los datos personales de los clientes. Para evitarlo, algunos programas se han diseñado de manera expresa para los cajeros automáticos que minimizan el riesgo de infección.
Además de estos sistemas que intentan evitar el fraude, la Orden INT/317/2011 aprobada en febrero del año pasado actualizó las medidas de seguridad de determinados establecimientos como los bancos y, en concreto, los cajeros automáticos.
La normativa establece el grado de resistencia que deben tener tanto las puertas de acceso al público como el resto del acristalamiento de la parte exterior del vestíbulo donde se sitúen los cajeros automáticos. También marca el grado de seguridad del que ha de disponer la caja fuerte de los cajeros donde se ubiquen los contenedores de efectivo.
Cuando las máquinas se localicen en espacios abiertos y no estén integradas o formen parte del perímetro de un edificio, la cabina debe estar protegida con chapa de acero de, al menos, tres milímetros de espesor.
Con el fin de evitar todo tipo de fraudes, las entidades aplican otra serie de medidas para mejorar la seguridad de los cajeros. Estas son habituales en muchas entidades bancarias:
A pesar de que las entidades adopten todo tipo de sistemas para evitar la clonación de tarjetas, el robo con fuerza o la infección de un terminal, es preferible que el usuario siga una serie de pautas que contribuyan a su propia seguridad.
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