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Aumenta el número de personas que deciden vivir solas y con ellas varían los hábitos de consumo
El 21% de los hogares españoles (3,4 millones) está compuesto por una sola persona. Quienes habitan solos tienen, a grandes rasgos, una manera de vivir distinta a quienes comparten domicilio con una pareja o familia. Estas diferencias se reflejan a la hora de hacer la compra, sobre todo cuando estos singles, solteros, divorciados o viudos, han decidido no enfrentarse a una hipoteca. Como los riesgos y los gastos corren a nombre de una sola persona, prefieren vivir de alquiler. En la cesta del supermercado los hogares unipersonales se dejan un 65% más que el resto. Y es que la mayoría de quienes viven en singular se reconocen hedonistas y caprichosos, y no sólo en la gastronomía. Así, los singles son conscientes de que pueden abordar gastos extraordinarios que en otra situación tendrían que eliminar o reducir para atender otros distintos, en ocasiones más elevados. Entre sus demandas, además de un aumento en la oferta de viviendas pequeñas a pequeños precios, reclaman más envases unidosis de productos alimenticios.
Los llamados "singles", es decir, quienes viven en singular o solos, de forma independiente de su familia, tengan o no pareja o hijos, gastan su dinero de forma diferente a las parejas o personas que conviven con hijos o ascendientes. Si se les pregunta a qué destinan la mayor parte de su gasto mensual la respuesta es bastante unánime: al alquiler.
Los jóvenes independientes consultados por CONSUMER EROSKI, salvo excepciones, coinciden en que la vivienda está "muy cara"; no hay mucha oferta de pisos pequeños y "meterse en una hipoteca con un único sueldo es casi imposible". Aunque acaben por comprar piso, los singles son mayoría entre los arrendatarios. Tal vez porque son conscientes de que su situación personal puede cambiar con más probabilidad, no sólo porque puedan encontrar pareja, sino porque su movilidad laboral también es mayor.
Por otro lado, pese a que en España el importe mensual de los alquileres no difiere demasiado de las cuotas mensuales de una hipoteca mientras los tipos estén aún bajos,tal y como recuerda Mª José Cuñado, asesora fiscal y contable de la Consultora Serigrem de Bilbao-, el hecho de no tener que compartir el salario y no tener comprometido a largo plazo el dinero les inclina a darse ciertos "lujos". Además, les ayuda a ahorrar más para un buen coche, ropa, libros, electrónica, tratamientos de belleza, masajes, cursos, viajes y otras actividades de ocio.
"Si estás solo te das más caprichos. Vives para ti, llevas un nivel de vida mayor sin tener que dar explicaciones", coinciden. Pero todo esto se da sobre todo antes de enfrentarse a un préstamo hipotecario en el caso de los más jóvenes. "Se tienen que tener las cosas muy claras para tirarse a la piscina de comprar un piso en solitario", dice uno de ellos. La solicitud de una VPO, "pese a que su promoción parece más orientada a familias", es un paso obligado, indican.
Normalmente, cuando se vive en pareja hay gastos que se multiplican por dos, pero no todos; otros muchos "como los electrodomésticos, por ejemplo-, se dividen entre ambos y normalmente también los ingresos son más abultados. Por tanto, los singles "salen perdiendo" en los gastos que forman parte de una "economía de escala": gastos derivados de la vivienda, comunidad, telefonía, luz, agua"
Las parejas sin hijos, los "dinkis" -del inglés 'Double Income no Kids', Salario Doble Sin Hijos-, son las que más desahogadamente viven, al compartir este tipo de gastos. La cifra de dinkis españoles ha crecido en un 75% en los últimos cinco años.
Respecto a la compra de un piso, las parejas se reparten no sólo la cuota de la hipoteca, sino que cada persona puede deducirse en su Declaración de la renta hasta 30.000 euros por la vivienda habitual, que en el próximo ejercicio pasarán a ser 36.000. De este modo, una pareja al adquirir una casa se desgrava 72.000 euros, mientras un single sólo puede desgravarse la mitad, según informa Cuñado. En el polo opuesto, a los viudos con una pensión adquirida por los rendimientos del trabajo del cónyuge fallecido les interesa permanecer "oficialmente" como singles, aunque vivan en pareja, para no perder dicha prestación.
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