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¿Nos aportan los envases seguridad a los consumidores?
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Montar una casa rural

Los mayores gastos a los que hay que enfrentarse son la financiación de la inversión, el mantenimiento y, en zonas de clima frío, la factura energética por la calefacción

Principales requisitos

Imagen: joevanni_99

Para que una casa pueda ser utilizada como hospedaje rural se exige que cumpla una serie de condiciones mínimas. La regulación es competencia de cada comunidad autónoma, por lo que difieren unas de otras. Por tanto, es conveniente acudir a la Consejería de Turismo de la comunidad donde se vaya a establecer el negocio para conocer todos los detalles. No obstante, la Guía Práctica de Alojamiento de Turismo Rural, elaborada por la consultora Silvia Mazzoli, señala que hay una serie de normas generales y requisitos comunes:

  • Estética.

    Los inmuebles de los alojamientos rurales deben adecuarse a las características estéticas propias de la arquitectura tradicional de la zona y, en algunos casos, a parámetros estrictos de carácter arquitectónico o relacionados con su antigüedad. Tanto su estructura como los materiales, la decoración y el mobiliario respetarán las características propias de las tipologías tradicionales, debiendo mantenerse en buen estado de conservación.

  • Medidas generales de seguridad.

    Es obligatorio exponer en lugar visible un listado de teléfonos básicos de la localidad, el número de emergencia (112), así como el teléfono del titular o responsable del establecimiento o de la central de reservas. También es obligatorio informar a los usuarios por escrito sobre los posibles peligros del entorno (pozos, barrancos...), y señalizar y proteger las eventuales zonas de riesgo que se encuentren dentro de la parcela. De cara a la seguridad infantil, es necesario adoptar una serie de medidas: protección de enchufes, parques infantiles homologados, piscinas valladas, indicar la presencia de perros, conservar medicamentos y productos tóxicos fuera del alcance de los niños, y guardar las herramientas de labranza bajo llave.

    También deberá cumplirse la normativa en materia de prevención de incendios: cada planta contará al menos con un extintor, instalado en lugar visible, señalizado y de fácil acceso en una zona de uso común. En algunos casos se exige explícitamente contar con caja fuerte de seguridad a disposición de los usuarios, con pararrayos o con un depósito de agua de reserva y un grupo generador de energía eléctrica suficiente para casos de emergencia.

    Es obligatorio señalizar y proteger las eventuales zonas de riesgo, así como informar a los usuarios por escrito sobre los posibles peligros del entorno

  • Respeto del medio ambiente.

    Se exige velar en general por la limpieza y el cuidado del entorno del establecimiento, evitar la acumulación de materiales en desuso o de restos vegetales o similares en zonas próximas a los alojamientos, utilizar detergentes biodegradables y productos de limpieza que no dañen el medio ambiente, pinturas y barnices de bajo poder tóxico y preferentemente los que tengan concedida una ecoetiqueta, así como controlar la emisión de ruidos. También hay que tomar medidas para eliminar los eventuales malos olores próximos al alojamiento.

  • Servicios.

    En cuanto a los servicios prestados por el establecimiento, los mínimos exigibles son: el desayuno, la limpieza diaria (en la modalidad de alojamiento compartido, y según acuerdo en el caso de alquiler completo), lavandería y planchado e información turística del entorno. Los alojamientos rurales que faciliten servicios de comida o cena deberán ofrecer en sus platos y vinos las peculiaridades gastronómicas de la comarca. En el supuesto de proporcionar manutención, el servicio no se podrá facilitar a un número superior al de personas alojadas, salvo que esté autorizado como establecimiento de restauración. Si no fuera así constituiría un ejercicio irregular de la actividad de restauración. Del mismo modo, si se ofrecen al público en general servicios de restaurante integrados en la misma unidad de explotación, regirán las normas específicas de los establecimientos de restauración.

  • Periodos de apertura y funcionamiento

    La normativa de cada comunidad autónoma establece los periodos mínimos de apertura y pleno funcionamiento de los establecimientos de turismo rural: cuatro meses al año en Aragón, siete en Madrid, ocho en Galicia..., siendo obligatorios los meses de junio, julio, agosto y septiembre. Los titulares deben comunicar, al comienzo de cada año, los periodos de cierre a la Administración competente en materia de turismo.

Rentabilidad y subvenciones

Como en cualquier otro negocio, la rentabilidad que se puede obtener con una casa rural depende de muchos factores. Sin embargo, según la web especializada AzRural, una rentabilidad normal se sitúa "entre un 8% y un 10% de la inversión, siendo posible recuperarla en unos 10 años. 90 pernoctaciones al año por cama es un rendimiento bueno".

Tanto las comunidades autónomas como los ayuntamientos ofrecen ayudas para financiar los proyectos de turismo rural, por ser estos una buena forma de revitalizar zonas de otro modo deprimidas, contribuir a recuperar el patrimonio histórico y favorecer la creación de servicios en esas áreas. Estas subvenciones proceden, en buena parte, de fondos comunitarios, como por ejemplo los programas "Proder" y "Leader Plus", que facilitan entre el 20% y el 60% de la inversión. Para obtener las ayudas y evitar la picaresca, se establecen estrictos requisitos que hacen que, en algunos casos, éstas sean difíciles de conseguir. Junto a la abundante documentación que se debe presentar, se puede exigir, por ejemplo, una antigüedad mínima en funcionamiento de dos años para el pago de la subvención, o el compromiso de mantener la actividad durante un periodo de cinco a diez años.

MÁS CONTROL

Uno de los grandes problemas del turismo rural en España, sin embargo, es la falta de control sobre los alojamientos. Esto provoca que haya establecimientos ilegales que no reúnen las condiciones exigibles y empeoran la imagen de este tipo de turismo.

Ésta es una razón decisiva para adherirse a asociaciones especializadas en la zona y que, junto a la actividad de las comunidades autónomas (mediante placas distintivas y otras certificaciones), contribuyen a garantizar la calidad de los alojamientos.

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