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Chatarreros: los defensores del medio ambiente

La labor de estos profesionales como gestores de residuos tiene gran relevancia pues sacan de la calle elementos muy contaminantes como el zinc, el hierro o el cobre

  • Autor: Por ELENA V. IZQUIERDO/ALEX F. MUERZA
  • Fecha de publicación: 30 de marzo de 2008

  
- Imagen: Cristian -
Recorren las calles de las grandes urbes y de las pequeñas localidades en busca de metales, residuos procedentes de edificios derribados, restos de obras, objetos a los que sus dueños ya no dan utilidad. Recogen aquello que para los demás carece de valor y vuelven a introducirlo en el mercado a través del ciclo del reciclaje. La sociedad de consumo da a los productos una vida cada vez más corta, pero los recuperadores hacen que estos enseres puedan tener, en ocasiones, vidas infinitas. Chatarreros ambulantes, recuperadores, trabajadores de desguaces, gestores de residuos o fundidores consiguen dar un segundo uso al material que, en principio, se había desechado. Antes era frecuente ver a estos trabajadores ambulantes por la calle con carros, pequeños vehículos tirados por animales o camionetas. Hasta hace no mucho tiempo se les consideraba personajes marginales y, equivocadamente, había quien equiparaba al chatarrero con el material con el que trabaja. Durante años, los gremios y asociaciones que agrupan a chamarileros, desguazadores o recuperadores han luchado por terminar con este estereotipo, dignificar el oficio, y dar a conocer la importancia que tiene su labor para el medio ambiente.

De padres a hijos

La gran mayoría de las personas que se dedican a la recogida y tratamiento de chatarra proviene de familias que han transmitido el oficio de padres a hijos, con sus enseñanzas y la posterior cesión de sus pequeños negocios. Aunque hoy en día muchos siguen ejerciendo su profesión de manera similar, el sector ha evolucionado a gran velocidad y las nuevas normativas sobre tratamiento de residuos han borrado de las ciudades y pueblos de España a muchos de ellos. La mayoría se ha reciclado y ha continuado haciendo el trabajo que tan bien conoce adaptándose a las necesidades actuales y a la legislación vigente.

Gran parte de las pequeñas empresas familiares que, a principios o a mediados del siglo pasado comenzaron su andadura con muy pocos medios y dedicaron grandes esfuerzos para salir adelante, se han transformado hoy en día en grandes plantas de recogida, clasificación y reciclaje de residuos que dan trabajo a un heterogéneo grupo de personas. Chatarreros, recuperadores, clasificadores, camioneros, gruistas, administrativos, comerciales, o fundidores forman parte de esta cadena que permite reutilizar lo que se considera basura, la enorme cantidad de residuos urbanos e industriales que diariamente genera la sociedad. La labor de estos profesionales es muy relevante ya que sacan de la calle metales contaminantes como el zinc, el hierro o el cobre.

Clasificación de residuos

Los chatarreros ambulantes y los propietarios de pequeñas tiendas de compraventa son una parte importante en el proceso de reciclaje. No en vano han trabajado durante años en la recogida, clasificación y venta de residuos, algo que, según señalan desde el gremio, les hace casi imprescindibles en la gestión y tratamiento de todo tipo de materiales, la separación de los productos recogidos y en los procesos de reciclaje que se deben emplear en cada situación.

El cobre es uno de los elementos más valorados por los chatarreros debido al elevado precio que se paga por él en el mercado

El trabajo de los chatarreros consiste, básicamente, en recoger la chatarra, clasificarla y separar los diferentes materiales que la forman para venderla posteriormente. La mayor parte de los residuos se genera en obras o derrumbes, donde los chamarileros adquieren el material sobrante. Las chatarrerías también aceptan viejos electrodomésticos y pequeños enseres que llevan sus antiguos dueños o comerciantes ambulantes. De hecho, miles de familias viven de la venta de los metales que recogen en la calle. Alguna de las grandes chatarrerías situadas en los polígonos industriales asegura tener más de 500 proveedores diarios que visitan sus naves para vender los hallazgos recopilados por la calle.

Los materiales más frecuentes en la recuperación son los metales férricos -acero, hierro...-, los no férricos -cobre, plomo, aluminio-, papel, cartón, vidrio, plástico, madera, neumáticos, vehículos fuera de uso... Normalmente, el hierro es el material predominante pero no el más valorado. El cobre es uno de los preferidos por los chamarileros junto al latón, el aluminio o el acero inoxidable, debido al elevado precio que por él se paga en el mercado. La clasificación es uno de los trabajos más laboriosos en este oficio ya que las distintas piezas y materiales que forman un producto no vienen separadas.

EL ROBO DE COBRE

En el último año han sido frecuentes las noticias que informaban sobre la sustracción de cobre. Cables de telefonía, líneas férreas e instalaciones eléctricas son los principales reclamos para los ladrones. Estos robos han provocado apagones en diversas ciudades, han dejado sin teléfono a numerosos afectados o han retrasado el viaje en tren a miles de personas. Los saqueos han sido frecuentes en inmuebles abandonados o edificios en construcción. También han afectado a los propietarios de maquinaria de labranza.

El precio del cobre se ha multiplicado en los últimos años. En la actualidad se paga algo más de cuatro euros por kilo, aunque en noviembre de 2007 llegó a cambiarse por casi seis. Esto ha provocado, según fuentes oficiales, que en nuestro país numerosas mafias se dediquen a la sustracción de cobre, sumándose a los "profesionales" nacionales que se apropian de lo ajeno, y perjudicando no sólo a los usuarios de los servicios públicos y a los dueños del material robado, sino también a la industria chatarrera. La imagen de estos profesionales se ve dañada al verse relacionados erróneamente con actividades delictivas sin tener nada que ver con ellas. Las provincias más afectadas por este tipo de delincuencia son Madrid, Barcelona, Sevilla y Guipúzcoa.

Tras la sustracción, los ladrones cortan el cobre y lo pelan, ya que muchas veces va recubierto de plástico como es el caso de los cables de teléfono. Cada vez es más difícil venderlo en España pues la mayoría de los chatarreros colabora con las Fuerzas de Seguridad para evitar que se lleven a cabo actividades ilícitas. No obstante, algunos establecimientos ilegales se encargan de enviar el material robado a fundiciones o de exportarlo. China y La India son los principales países compradores; el mercado chino adquiere barcos enteros llenos de chatarra que utiliza en su creciente industria tecnológica. En el lado opuesto se sitúan Alemania, Hungría, Austria y España, los países más perjudicados por las prácticas ilegales de las mafias del cobre.

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