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Ariel Revel demuestra que el tiempo de congelación no tiene por qué dañar ni afectar a la supervivencia de los embriones
El ginecólogo Ariel Revel, de la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Hadassah de Jerusalén (Israel), explica en el último número de la revista "Human Reproduction" un caso médico sin precedentes. Se trata del nacimiento de dos hermanos mellizos, un niño y una niña que hoy tienen nueve meses pero que fueron concebidos hace más de doce años por un tratamiento de fecundación "in vitro".
Este hecho, único en la historia, cuestiona los límites legales de la congelación de embriones con las técnicas actuales de criopreservación. Hasta la fecha sólo se conocía el nacimiento de un bebé en California en 1998 producto de un embrión que estuvo congelado durante siete años. Salvo estos embarazos, existen muy pocos antecedentes de embriones congelados durante muchos años que hayan sido utilizados con éxito.
Aunque se trate de un caso inédito, el estudio de Revel ofrece pruebas de que el tiempo de congelación no tiene por qué dañar ni afectar a la supervivencia de los embriones. El principal riesgo de la congelación por tiempo indefinido es que el embrión se deteriore. El daño se produce por la degradación de proteínas del embrión que puede hacer fracasar la gestación.
Esta es la razón por la que muchos centros dedicados a la reproducción e incluso las legislaciones de algunos países hayan establecido un límite de congelación de cinco años para los embriones que se almacenan en sus bancos. Sin embargo, la política del mencionado hospital israelí es mantener los embriones conservados durante el tiempo que deseen prolongarlo sus futuros padres.
La historia de estos dos recién nacidos comienza en 1990, cuando sus padres, una pareja israelí que no podía tener hijos, acudieron al Hospital Hadassah. Tras someterse a un tratamiento de fertilidad, se consiguieron doce embriones. Cuatro de ellos se transfirieron a la madre, mientras que los ocho restantes fueron congelados en menos de 72 horas. La mujer se quedó embarazada y dio a luz a dos niñas.
Unos años más tarde, la pareja tuvo un tercer hijo, sin necesidad de ningún tratamiento médico, y hace menos de un año volvió al centro para que le implantaran a la mujer los embriones que quedaron congelados en 1990. En esta segunda ocasión se volvieron a transferir cuatro de los ochos embriones que quedaban almacenados. Cuando los embriones tenían más de 36 semanas de gestación, nacieron finalmente los dos mellizos, perfectamente sanos y con 2,5 kilos de peso.
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