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Un equipo investigador consigue reconstruir en tres dimensiones el cerebro de un dinosaurio volador

Se considera que el "Archaeopteryx" fue el paso intermedio entre estos animales extinguidos y las aves actuales

  • Fecha de publicación: 5 de agosto de 2004

Un equipo multinacional de investigadores, entre los que se encuentra el español Patricio Domínguez Alonso, de la Universidad Complutense, ha conseguido reconstruir con ayuda de avanzadas plataformas informáticas el cerebro y el oído interno de "Archaeopteryx", un dinosaurio aviano que estaba cubierto por plumas muy similares en su disposición y morfología a las de las aves modernas, según detalla la revista "Nature".

"Tenía un gran sentido de la orientación y podía realizar delicadas maniobras de vuelo", asegura el profesor Timothy Rowe, de la Universidad de Texas. Los científicos utilizaron tomografía axial computerizada para analizar los restos fosilizados de este ejemplar de "Archaeopteryx", que se encuentra en el Museo de Ciencias Naturales de Londres y fue encontrado en Alemania en 1861. Consiguieron un total de 1.300 imágenes en tres dimensiones de los restos para reconstruir el tamaño de su cerebro. Así, concluyen que éste era tres veces mayor que el de los actuales cocodrilos y similar al cerebro de las aves de ahora.

Además los investigadores sugieren que el cerebro de este dinosaurio, que vivió hace 147 millones de años en Alemania (durante el Jurásico Superior), tenía un sistema visual muy parecido al de sus descendientes, las aves, así como su oído interno y un sistema nervioso que le permitía olfatear. Este predecesor de las aves procesaba la información que visualizaba a través del córtex para llevar a cabo delicadas maniobras de vuelo.

El "Archaeopteryx" tenía una larga cola, garras y dientes afilados. La publicación "Evolution", del Museo británico de Historia Natural, editada en 1959, describe a este ejemplar como "un perfecto mosaico de caracteres reptilianos (cola, cráneo) y avianos (plumas, patas)". Otros científicos, entre ellos Sir Gabin de Beer, aseguraron hace ya años que este fósil es "un mosaico en el que algunos caracteres son perfectamente reptilianos y otros avianos".

Cabe recordar que el hallazgo, a finales del siglo pasado, de restos fósiles pertenecientes a un reptil con plumas que vivió hace 220 millones de años en Asia central, cuestionaron la teoría de que las aves pertenecen a la estirpe de los dinosaurios y abrió una serie de interrogantes sobre el lazo evolutivo existente entre ambas líneas.

Aunque el descubrimiento tuvo lugar en a finales de la década de los sesenta, no fue divulgado hasta años después por investigadores estadounidenses y rusos. La datación de esos fósiles concluía que superaban en, al menos, 75 millones la antigüedad de el "Archaeopteryx". El fósil recibió el nombre de "Longisquama insignis". Se trataba de un pequeño reptil con plumas que medía unos 25 centímetros y que vivió en los bosques de Kyrgyzstán.


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