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Un tercer iceberg de 200 kilómetros de largo se separa de la Antártida

Los científicos achacan a un año climático anómalo este nuevo desprendimiento

  • Fecha de publicación: 15 de mayo de 2002

La separación, en pleno invierno antártico, de un nuevo y gigantesco iceberg en el Mar de Ross ha venido a confirmar las intensas anomalías climáticas que están marcando los años 2001 y 2002. El iceberg, el tercero de dimensiones colosales que se desprende de la Antártida en sólo dos meses, fue localizado por investigadores del Centro Nacional del Hielo de EE.UU. con el empleo de satélites situados en órbitas polares. La masa de hielo tiene 200 kilómetros de longitud por 17 de ancho y un espesor cercano a los 300 metros. Bautizado como C-19 está situado a 77.23 grados Sur y 173.30 grados Oeste y a unas 2.400 millas al Sur de Nueva Zelanda.

"Este año está siendo de una climatología anómala en todo el planeta", observa Carlos Duarte, profesor del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). "Algo está pasando y, por primera vez en la historia, tenemos imágenes de satélite para saberlo. Eso crea expectativas e inquietudes. Lo cierto -indica José Ignacio Díaz, un geólogo del CSIC que ha participado en la última campaña en la Antártida- es que este año hemos tenido allí un verano muy cálido. La mínima no ha bajado de un grado bajo cero. Y la máxima ha sido de cuatro. Hemos visto abrirse grietas, demasiadas grietas, en los glaciares de la isla Livingstone", apunta.

Aunque los científicos reiteran que las roturas de las masas de hielo son fenómenos naturales reconocen, sin embargo, que no es un fenómeno que suela ocurrir en pleno invierno antártico. "A estas alturas del año, el mar debería estar helado. Hay algo que no cuadra porque en la Antártida el mar se congela de la noche a la mañana. Y eso suele suceder a mediados de marzo", resalta Díaz.

Duarte confirma que la base antártica española Juan Carlos I (a 62° de latitud Sur, la misma que Oslo en el hemisferio Norte) ha tenido el verano más cálido en sus once campañas de vida. "Estamos viendo cómo el Mar de Ross sufre pérdidas de hielo. Sin embargo, en el otro extremo del continente, en el Mar de Weddell, la masa de hielo está creciendo. Lo interesante será conocer el balance total de pérdidas y ganancias. Ese balance será un instrumento fundamental para predecir el aumento del nivel del mar en el planeta y su influencia en la erosión de nuestras costas. La impresión -concede el investigador del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea)- es que se está en pérdida y que esa evolución negativa se ha acelerado. ¿Responsables? Creo que hay evidencias suficientes que apuntan a la existencia de anomalías, como el agujero de la capa de ozono o el mismo clima, que han sido provocadas por el hombre", dice.

Perdido en la mar

El investigador del Imedea de Palma de Mallorca reitera que la Tierra está viviendo un año especialmente "anómalo". Tan anormal que, en su opinión, los ciclos de otoño y primavera han cambiado su orden. Para Duarte, el estudio de cuanto sucede en la Antártida, un continente "muy dinámico" que marca el comportamiento global del planeta, es "esencial para predecir los cambios que se avecinan".

Ahora, la gigantesca masa de hielo con todos los tonos del azul que se ha ido acumulando durante 12.000 años, vaga en las aguas del Pacífico Sur donde se fragmentará en cientos de icebergs y growlers (pequeños trozos de hielo). Un problema añadido, señala Díaz, para el aprovisionamiento de las bases antárticas de McMurdo (EE UU) y Scott (Nueva Zelanda) por parte de los rompehielos que deben navegar por la zona. Charles Stearns, investigador del Centro de Ingeniería y Ciencias Espaciales de la universidad americana de Wisconsin, señaló que el hielo fragmentado ha estado en movimiento durante los últimos 30 años. A finales de marzo, otro iceberg, de 3.240 kilómetros cuadrados y un volumen de 720.000 millones de toneladas, se derrumbó en apenas 35 días desde su emplazamiento, en el Este de la península Antártica.

Alarmante señal

"El desprendimiento de icebergs es un indicador más de un proceso muy preocupante. Es otra alarmante señal del cambio climático", sostiene José Luis García, responsable de la campaña de Cambio Climático de Greenpeace.

Para García, lo peor de la situación es que no se trataría "de un hecho aislado" sino que muestra "una tendencia". "En 1995 se vino abajo la barrera Larsen A. Cuando un barco de Greenpeace llegó allí se vio, con sorpresa, que la isla de Ross, que siempre había estado unida al continente antártico por una barrera de hielo, se podía circunnavegar". Hace unas semanas se desprendió, en la misma zona que ahora, un bloque de hielo de 3.240 kilómetros cuadrados, superficie similar a la provincia de Álava. "No son casos aislados. El derretimiento en el Ártico, en la Antártida y en los glaciares son señales de que algo está pasando... El cambio climático provocado por el hombre desencadena estas situaciones. Si continúa a este ritmo, el nivel de las aguas podría subir un metro en este siglo", alerta el experto.




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