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"Los objetivos del Protocolo de Kioto están más lejos que nunca", advierte
Los grandes indicadores medioambientales y de crecimiento siguen emitiendo señales de alarma en España. La demanda energética sube sin freno, así como el consumo de un agua escasa y la generación de residuos de todo tipo, y, además, la degradación de numerosos hábitats es un hecho. Todo ello a pesar de que en las ciudades españolas florecen los contenedores de reciclado de papel y vidrio, se impone poco a poco la recogida selectiva de basuras y se ponen en marcha campañas para sensibilizar a la población sobre el desarrollo sostenible.
Estos son algunos aspectos que recoge el "Informe España 2003, una interpretación de su realidad social", editado este mes por la Fundación Encuentro y que advierte sobre los desequilibrios que genera el progreso socioeconómico si se pierden de vista determinados límites y se cometen determinados excesos. "España no ha encontrado ese punto de equilibrio entre el crecimiento y el respeto al medio ambiente, a los recursos naturales sobre los que se sustenta ese mismo progreso, y al entorno en el que nos movemos", afirman los autores de este trabajo.
Ponen como ejemplo el uso de la energía, uno de los mejores indicadores de crecimiento y bienestar, y también de cómo una sociedad hace los deberes del desarrollo sostenible. El informe de la Fundación Encuentro recuerda que el consumo de energía en nuestro país no ha dejado de crecer durante las últimas tres décadas, y que los productos derivados del petróleo, los más contaminantes, representan aún el 63% del consumo total, aunque hayan perdido presencia en los últimos treinta años. En ese tiempo, la fuente energética emergente ha sido el gas, que ha pasado del 2% del consumo nacional, al 15% de hoy. Mientras, las energías renovables apenas representan el 4% del consumo energético final, pese a que España dispone de un potencial eólico tres veces superior al objetivo oficial de producción de energía del viento, según la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA).
El aumento constante de la demanda energética no obedece al crecimiento de la población, en pleno estancamiento vegetativo por las bajas tasas de natalidad, sino a una mejora del nivel de vida que luego pasa factura: severos impactos ambientales y paisajísticos, residuos y emisiones contaminantes, señalan los autores. "Los objetivos del Protocolo de Kioto de lucha contra el cambio climático están más lejos que nunca y España, por más que el Gobierno lo niegue, es el país que más ha sobrepasado la tasa de vertidos atmosféricos que le están permitidos, un 34% frente al 15% de aumento autorizado respecto de las cuotas de 1990, año de referencia", advierte la Fundación.
En cuanto al agua, su consumo tampoco ha dejado de crecer. El agua es un bien escaso en España, hasta el punto de que, según el informe, la oferta hídrica natural apenas llegaría a los 9.000 hectómetros cúbicos al año, casi una quinta parte de lo que necesita el país para uso humano, agrícola e industrial, si no dispusiera de infraestructuras de embalse, sistemas de depuración y reciclado, y de desalación de agua de mar. "Independientemente de las fórmulas que se adopten para paliar los desequilibrios hidrológicos -trasvases, desaladoras, nuevos embalse, etc.-, resulta imprescindible contener la demanda y mejorar el aprovechamiento del agua existente", asegura.
Otro factor de insostenibilidad que refleja el "Informe España 2003" es el hecho de que cada vez generamos mayor basura. Los residuos sólidos pasaron de 15,3 a 18,3 millones de toneladas, y de 1,06 kilos a 1,25 kilos por persona y año en apenas tres ejercicios, de 1996 a 1999. El reciclado de desechos y la recogida discriminada de basuras avanza, pero aún está muy lejos de las tasas de países del entorno. Y para una separación más selectiva de la basura orgánica, "es necesario involucrar a los consumidores, todavía no plenamente concienciados", sostiene el estudio.
En definitiva, la Fundación Encuentro concluye que el modelo de desarrollo imperante en España, como parte del mundo avanzado, "es insostenible". Si no se sustituye el "modelo economicista" por otro más sensato y viable a largo plazo, "poco quedará para las generaciones futuras", augura. Por esta razón, reclama una explotación controlada de los recursos naturales, ajustada al crecimiento de la población y no a la búsqueda de un bienestar meramente consumista.
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