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Apenas quedan 200 ejemplares en la Península, número insuficiente para garantizar la supervivencia de esta ave
Es una de las cuatro especies de aves de presa más amenazadas del mundo. En la Península Ibérica, apenas quedan 200 ejemplares. Se trata del águila imperial, cuyo futuro pasa por un programa de cría en semilibertad que está desarrollando la Estación Biológica de Doñana.
La caza, la mixomatosis que acabó con los conejos de los que se alimenta, la electrocución con los tendidos eléctricos y el uso de venenos en los cotos de caza han puesto a esta especie al borde de la extinción después de poblar la Tierra desde hace un millón de años. Ahora, buena parte de su futuro pasa por la capacidad de adaptarse al medio de 17 pollos sacados de sus nidos y reintroducidos en la antigua laguna de La Janda, en Cádiz.
Miguel Ferrer, biólogo del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), es el responsable de este proyecto y ayer participó en Bilbao en el ciclo Biodiversidad y Conservación de la Fundación BBVA. "Tras localizar los nidos de águila, seleccionamos aquellos en los que se produce mayor mortalidad de los pollos. Luego ayudamos con alimentación suplementaria a crías que de otro modo morirían y, a los 45 días de haber nacido, las trasladamos y las soltamos para criarlas en semilibertad", explica Ferrer. Durante las primeras semanas, los aguiluchos reciben alimento en posaderos instalados para ellos. En 2002 se liberaron 5 pollos, 6 en 2003 y otros 6 este año. La zona elegida ha sido la laguna desecada de La Janda, en Cádiz.
Baja mortalidad
Los pollos "liberados", que en teoría no habrían sobrevivido con sus progenitores, se han mostrado más aptos para la vida en la naturaleza que sus hermanos más fuertes. Mientras la tasa de mortalidad de los reintroducidos ha sido del 37%, el porcentaje entre la población silvestre superó el 60% en su primer año de vida. Según Ferrer, estas jóvenes águilas son instaladas en áreas-puente. El objetivo es que, cuando alcancen la madurez sexual (a los 5 años), puedan servir para comunicar genéticamente a las poblaciones de águilas ahora aisladas. "Estas rapaces tienden a criar en el mismo sitio donde han nacido", precisa.
El biólogo destaca que la mayoría de las reintroducciones exitosas se han realizado "en fincas particulares". Sostiene que, aunque el modelo de parques y reservas es todavía "necesario", se imponen otros modelos de conservación. "No hay que crear islas de animales como zoológicos o santuarios, sino intervenir en la naturaleza para evitar las extinciones que nosotros mismos hemos provocado". De no tener éxito el programa, el águila imperial se extinguirá en 200 años. Hasta el momento, los intentos por criar a esta especie en cautividad no han dado fruto, "aunque no hay motivos -dice Ferrer- para pensar que no pueda criar en esas condiciones". Hay unas 40 águilas imperiales cautivas.
Este proyecto de recuperación se extiende a otra especie en peligro, el águila pescadora, de la que quedarían unas 30 parejas en Baleares y Canarias. Se han liberado 21 crías en las marismas del Odiel y en el embalse de Cádiz. Al llevar instalados transmisores, se sabe que ahora están en África para pasar el invierno.
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