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Ayer llegó a Fuerteventura una bandada formada por cerca de 200 millones de ejemplares
Los vecinos del término municipal de La Oliva, en el noroeste de la isla canaria de Fuerteventura, se vieron sorprendidos ayer por la llegada de una nube roja formada por cerca de 200 millones de langostas, que ocuparon un área aproximada de un millón de metros cuadrados.
No obstante, y a pesar de las altas cifras de insectos, la bandada apenas ha causado daños en la agricultura, por lo que los responsables de la Consejería de Agricultura del Gobierno canario hicieron un especial llamamiento a la calma y recomendaron a los agricultores que no realicen tratamientos fitosanitarios para el control de esta plaga hasta que el personal técnico que evalúa la situación indique lo contrario. Asimismo, el titular de Agricultura, Pedro Rodríguez Zaragoza, pidió tranquilidad a la población majorera y aseguró que la plaga de langostas no reviste riesgos para las personas. Además, los expertos aventuran que no se desplazarán hacia otras zonas y que morirán en la isla empujadas por los vientos oceánicos.
A pesar de las previsiones de que los vientos del oeste frenarían en estos días la llegada de langostas a tierras canarias -que se inició a mediados de la pasada semana-, la situación continúa siendo preocupante. El director general de Desarrollo Agrícola del Gobierno canario, Antonio Ortega, asegura que existe "riesgo si soplan vientos y se producen temperaturas favorables para que se desplacen hasta las islas las grandes concentraciones de langostas que se localizan en los países vecinos de la costa africana, donde su efecto ha sido devastador".
En Lanzarote, la situación se considera controlada después de que más de un centenar de efectivos de Medio Ambiente y Protección Civil regionales, insulares y locales participaran en la captura y eliminación de los insectos que, según los expertos, llegaron muy debilitados y sin un gran poder destructivo. Sin embargo, pese a ello y a la rapidez con la que se ha actuado, los destrozos han sido notables en algunas explotaciones agrícolas, sobre todo cultivos de patatas y vides.
La última vez que las Islas Canarias estuvieron amenazadas por una plaga de este tipo fue en 1988, año en el que, no obstante, la invasión de insectos no llegó a materializarse.
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