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Los ecologistas aseguran que no es una expedición científica, sino que se trata de una forma encubierta de caza comercial
Las críticas de las organizaciones ecologistas no han impedido que zarparan desde el puerto de Shimonoseki, en el oeste de Japón, seis barcos que tomarán parte en la temporada anual de caza de ballenas en la Antártida. Calificada de científica por las autoridades japonesas, esta expedición está compuesta por el barco Nisshin Maru, de ocho toneladas, y otras cinco embarcaciones, con una tripulación total de 260 hombres.
El objetivo de la campaña es capturar 860 ballenas, de ellas 850 "minke" y diez rorcuales comunes, para llevar a cabo investigaciones sobre su edad, contenido de sus estómagos, productos químicos detectados en sus cuerpos y su relación con los humanos, según explicó el Instituto de Investigación sobre los Cetáceos. Sin embargo, las organizaciones ecologistas han vuelto a denunciar que su fin es meramente comercial, pues la carne de las ballenas regresará a Japón metida en cajas y será vendida como producto alimentario.
Keiko Shirokawa, portavoz de la asociación Greenpeace, indicó que miembros de Greenpeace acudieron a al citado puerto, aunque no trataron de impedir la salida de los balleneros. Aunque la captura de ballenas iniciada por Japón en 1987 está autorizada por la Comisión Ballenera Internacional con fines de investigación, los ecologistas aseguran que se trata de una forma encubierta para la caza comercial, pues la carne de los cetáceos es vendida para el consumo interno.
Por su parte, los pescadores japoneses aseguran que la carne de cetáceo forma parte de la dieta tradicional nipona y que la presencia excesiva de ballenas "minke" representa una amenaza ecológica porque reduce las poblaciones de los peces más pequeños que les sirven de alimento.
"Decir que se trata de una investigación es un insulto para la ciencia y para los japoneses", aseguró Junichi Sato, responsable de Greenpeace para la campaña contra la caza de ballenas. La organización ecologista, de acuerdo con una reciente encuesta del Nippon Research Centre, denunció además que el 70% de los japoneses se opone a la caza de cetáceos en el Antártico y que el 95% apenas come carne de ballena.
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