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La plaga de topillos se extinguió de forma natural

Una investigación revela que las campañas de fumigación fueron innecesarias y afectaron a otras especies

  • Fecha de publicación: 27 de marzo de 2009

La plaga de topillos que durante 2006 y 2007 puso en jaque a los agricultores de Castilla y León desapareció de forma natural. Ésta es la conclusión de un estudio llevado a cabo por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en colaboración con expertos de varias universidades, como la Autónoma de Madrid. Según este trabajo, el veneno utilizado para acabar con los roedores fue innecesario y afectó a otras especies.

A través de la captura de mamíferos mediante un sistema de trampeo especializado, los investigadores han constatado que la desaparición de los topillos ocurrió de manera simultánea tanto en las zonas tratadas con veneno como en las que no. "La aplicación de rodenticida fue innecesaria por algo que ya se sabe desde hace décadas en otros países: el veneno no acaba con la plaga, sino que ésta se colapsa de forma natural", señala Javier Viñuela, del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (centro mixto del CSIC, la Universidad de Castilla-La Mancha y la Junta de Castilla-La Mancha).

Especies afectadas

Para el control de la plaga, la Junta de Castilla y León llevó a cabo tres campañas de envenenamiento con dos rodenticidas distintos, clorofacinona en las dos primeras y bromadiolona en la tercera. Pero además de a los topillos las fumigaciones afectaron a otras especies. "Las necropsias de los ejemplares encontrados muertos en el campo mostraron restos de clorofacinona en el hígado del 98% de las palomas domésticas analizadas y en el 38% de las liebres", afirma Viñuela.

Asimismo, se encontraron restos de clorofacinona en el hígado de calandrias (29% de los casos analizados) y de busardo ratonero (un caso de tres), ambas especies amenazadas.

También han podido verse afectadas las poblaciones de ratón de campo en la provincia de León, lo que resulta preocupante porque esta especie -que no causa plaga- sirve de alimento a depredadores como cernícalos, busardos o comadrejas.

En cuanto a la fumigación con bromadiolona, cuyo efecto aún está por evaluar en profundidad, los investigadores creen que su impacto también ha podido ser importante, ya que existen varios estudios realizados en otros países, como Francia, que han demostrado el envenenamiento secundario por esta sustancia en varias especies.

El estudio añade que el área tratada con rodenticidas incluye cinco Zonas de Especial Protección para Aves (ZEPAS), por lo que "el principio de precaución debería haberse aplicado, especialmente cuando existe una alta incertidumbre sobre el efecto potencial directo e indirecto que la liberación masiva de rodenticidas anticoagulantes tiene en el ecosistema agrario", apunta el CSIC. La evidencia señala, además, que la mayoría de los topillos había desaparecido antes del inicio de la tercera campaña de envenenamiento.

Por otro lado, los investigadores aseguran que no hay indicios de un gran impacto de la plaga en la producción agrícola. De hecho, en 2007, la producción de cereal, patatas y viñas fue la más alta registrada en los últimos diez años, aunque la segunda y tercera campaña de control de topillos empezaron después de la cosecha de ese año, afirma el CSIC.

Próxima plaga

En función del patrón casi cíclico que han presentado las plagas de topillos en Castilla y León desde los años 80, la próxima podría producirse en torno a 2010 ó 2011. Los investigadores esperan que para entonces exista una mayor planificación, para lo que consideran necesaria la colaboración entre políticos, gestores, agricultores y científicos.

El estudio recuerda que el manejo de plagas debe estar basado en la evidencia científica, una gestión sostenible y ecológica, un balance coste/beneficio bien informado, y la cooperación y supervisión de las autoridades locales e internacionales cuando, como ha sido el caso, enormes cantidades de veneno son aplicadas al medio ambiente.




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