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Plagas, microorganismos y gases ponen en peligro la conservación de los libros si no se toman medidas para combatirlos
Todo un batallón de insectos, gases, hongos, bacterias y otros organismos pueden campar a sus anchas por bibliotecas y archivos, y pueden llegar a destruir todo lo que tengan a su paso. Una correcta utilización, tratamiento y conservación de los fondos bibliográficos puede hacer frente a estos peligros naturales, y evitará tener que recurrir a laboriosas y caras restauraciones, que pueden resultar inútiles si se llega demasiado tarde.
La Historia recuerda en multitud de ocasiones cómo la destrucción de bibliotecas y archivos se ha utilizado como arma de guerra, como una forma de borrar la memoria cultural e ideológica del enemigo. En este sentido, Fernando Báez, en su libro "Historia universal de la destrucción de los libros", calcula que las destrucciones de libros a lo largo de la Historia se han producido en un 60% por el ser humano. Pero además de la mano destructora del hombre, plagas tan diversas como insectos, gases o microorganismos varios ponen también en peligro la conservación de las obras almacenadas en las bibliotecas.
Arsenio Sánchez, desde el Laboratorio de Restauración de la Biblioteca Nacional, apunta tres causas principales en la destrucción del material bibliográfico:
Dentro del apartado de los parásitos, las aproximadamente 70 especies diferentes de insectos que se nutren de alguno de los componentes de los libros constituye el grupo más importante. Son auténticos gourmets con predilección por lo exquisito: el papel está compuesto principalmente de celulosa, una materia vegetal que sirve de alimento a estos seres. Puesto que la celulosa ofrece una mayor resistencia al envejecimiento, se utiliza en mayor proporción para hacer papel de calidad, mientras que el papel de menos calidad, al llevar menos celulosa es más ácido y les atrae menos. Eso sí, el papel barato también envejece antes y favorece la proliferación de hongos.
Además del papel, ciertos adhesivos usados en la encuadernación y el apresto que recibe cada hoja de papel pueden ser de origen vegetal o animal, y si no se les agrega alguna sustancia repulsiva, también atraerán el apetito de diversos organismos nocivos. Los materiales sintéticos como el plástico, utilizados en costuras, cubiertas o lomos de los libros, al igual que el cuero y la piel, tampoco se resisten al ataque de una gran variedad de insectos. Pero ahí no acaba su menú: estos insectos también se alimentan de la madera, las telas de cuadros, las cortinas y tapices y los hilos, cuerdas y telas de las encuadernaciones, puesto que también contienen celulosa.
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