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El actual modelo de crecimiento económico basado en la explotación de la naturaleza requiere un cambio en el que los consumidores pueden aportar mucho
La Década de la Educación para el Desarrollo Sostenible (2005-2014), una iniciativa creada por Naciones Unidas y promovida por UNESCO, considera esencial que el conjunto de la ciudadanía asuma un papel activo en los cambios que hagan posible la supervivencia de la humanidad y la universalización de los Derechos Humanos. Víctor Viñuales asegura que los consumidores "podemos y debemos empujar la sostenibilidad con nuestras decisiones de compra. Las minorías han puesto en marcha siempre los cambios en la historia. Un 10% de consumidores conscientes puede remodelar el modelo de producción".
Según la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF), el consumo de los hogares es uno de los mayores responsables de los problemas medioambientales más importantes. Por ello, esta asociación ponía en marcha recientemente una campaña sobre la necesidad del consumo responsable como manera de avanzar en el desarrollo sostenible. Dentro de esta campaña, sus responsables ofrecen un 'ecotest' para que los consumidores averigüen qué tipo de consumo practican y cómo pueden mejorar y reducir su impacto sobre el entorno.
Por su parte, la Fundación Vida Sostenible ofrece también información para poner en práctica un estilo de vida sostenible, y encuestas para que los consumidores conozcan su huella ecológica, de manera que puedan reducir el consumo de energía o agua, hacer un uso sostenible del transporte, o mejorar la gestión de los residuos domésticos.
La sensibilización por los temas medioambientales de la sociedad, especialmente de sus miembros más jóvenes, es también un elemento clave. En este sentido, resulta especialmente llamativo un reciente estudio de Ecologistas en Acción, que concluye que los actuales contenidos de los libros escolares, así como su propia elaboración y edición, "suspenden en sostenibilidad". Luís Adolfo Desdentado, miembro de la Asociación Española de Evaluación de Impacto Ambiental, considera indispensable "que los consumidores sepan que la tierra es única y para todos; que conozcan qué es el desarrollo sostenible del que se habla tanto y lo poco que se practica; que con nuestras prácticas de consumo y eliminación -las dos alas del desarrollo sostenible- todos podemos contribuir a la mejora del medio ambiente; que exijamos a los que nos piden el voto que velen por el medio ambiente y que una vez se lo hayamos dado, vigilemos que cumplan".
Sin embargo, en opinión de Cristina García-Orcoyen, los consumidores españoles no piden con suficiente claridad productos ambientalmente correctos, ni llevan un modo de vida consciente de los temas medioambientales. "Cuando una persona se compra un coche, no debería preocuparse tanto por la potencia, sino por cómo se ha construido, si las piezas son reciclables o qué emisiones contaminantes tiene". Por ello, Isabel de Felipe considera que el desarrollo sostenible implica pragmatismo para no caer en la crítica destructiva o en la euforia excesiva. En este sentido, propone una programación en etapas, que distinga entre lo deseable y lo factible.
Las principales características que debe reunir un desarrollo para que pueda considerarse sostenible son:
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