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Ser piloto de Fórmula 1

Llegar a la Fórmula 1 sin gastarse cuatro millones de euros en la formación del piloto significa ser un caso muy especial

Imagen: Harish Iyer

¡Papá, yo quiero ser como Fernando Alonso! Esta es una frase muy pronunciada en los hogares españoles hoy en día, pero sólo intentar lograrlo supone un enorme sacrificio para la familia que, pese a ello, no asegura ni de lejos la consecución del éxito. Y es que el piloto nace, pero también se hace.

Los primeros pasos

Llegar a ser un bicampeón mundial de cualquier especialidad deportiva es un hecho suficientemente destacable como para cambiar la actitud de una sociedad entera hacia dicho deporte y quienes lo practican. Lo hemos vivido en los últimos 20 años con el tenis, el ciclismo, los rallies, el baloncesto... y ahora la Fórmula 1 en España, un país que acaba de despertar a los pit stops, las 'trazadas conservadoras' y los 'rebufos apurados', términos mucho más comunes en Francia, Italia o Gran Bretaña hasta hace tan sólo tres años. Los éxitos del piloto asturiano y una cobertura mediática masiva han logrado desbancar incluso al todopoderoso fútbol de las conversaciones matutinas en los bares y lugares de ocio de la geografía nacional. Además, las empresas que tuvieron la habilidad de apuntarse al carro de la victoria en forma de mecenazgo y acuerdos de patrocinio ya recogen pingües dividendos, gracias a una avalancha consumista fruto del optimismo que transmiten los triunfos patrios en la cumbre tecnológica del deporte del motor.

Casi sin quererlo, hemos introducido los conceptos de inversión, imagen de marca y beneficios y, en este caso, todos ellos dependen de la capacidad de nuestro representante para ganar más y más Grandes Premios. Así, las empresas desean ante todo que 'la gallina de los huevos de oro' dure muchos años en la cúspide de la competición, pero no por ello dejan de buscar a un sucesor, a alguien que siga amortizando los esfuerzos económicos realizados alrededor de la figura de Fernando Alonso y de la Fórmula 1. A eso hay que unir el fervor de los niños y jóvenes por este ídolo de masas, así como una coyuntura económica favorable a la búsqueda de nuevas formas de negocio, algo que en el automovilismo deportivo español se ha traducido en la creación de circuitos y otras infraestructuras de alto nivel, así como nuevos certámenes de monoplazas y equipos que participen en ellos. En definitiva, hay un buen campo de cultivo para la formación de pilotos (e ingenieros, mecánicos, diseñadores...).

Mejorar al volante requiere muchísima concentración, capacidad de análisis, voluntad de superación y un nivel de competitividad por encima de la media

Cantera de pilotos

Así pues, hoy ya existe una cantera de pilotos españoles con posibilidades de entrar al selectísimo mundo de la Fórmula 1. Además de Pedro de la Rosa, tercer piloto del equipo McLaren-Mercedes, y Marc Gené, probador de Ferrari, también Adrián Vallés tiene un pequeño hueco en el equipo Spyker. Pero, ¿cómo se llega ahí? ¿qué se debe hacer para ser uno de los 22 hombres que en todo el mundo pueden alinearse en una parrilla de salida de un Gran Premio de Fórmula 1? Es una pregunta muy complicada de responder y nada asegura que el objetivo se vaya a alcanzar, pero trataremos aquí de repasar el camino que una familia podría seguir para convertir a uno de sus miembros en un piloto profesional de altura.

  • Millones de euros. El primer paso consiste en echar un vistazo a las cuentas bancarias de la familia, porque el automovilismo ha sido tradicionalmente un deporte de élite, y aún hoy es complicado abrirse camino sin un soporte económico muy fuerte. Aunque haremos una aproximación en cada escalón, llegar a la Fórmula 1 sin gastarse cuatro millones de euros significa ser un caso muy especial.
  • Cuanto más niño, mejor. La siguiente tarea debería ser asegurarse de que el candidato no tiene más de seis o siete años. Eso no significa que un chaval de diez o incluso 12 años no pueda triunfar en el automovilismo (Andy Priaulx, bicampeón del Mundial de Turismos, sirve de ejemplo en este sentido), pero sus oportunidades menguan a la vez que el niño crece.
  • Ser un apasionado. No menos importante que los dos anteriores requisitos es descubrir si existe verdadera pasión en el posible piloto. Lejos de ser un pasatiempo o un juego, constituye una apuesta muy seria que condicionará de forma inevitable la vida familiar (tanto más cuanto mayor sea el porcentaje de patrimonio destinado a su formación deportiva) y social del niño. Así pues, una buena técnica es dejar que sea él o ella quien manifieste claramente su orientación, sin recibir la menor presión de su entorno, pero sabedor del camino que tiene ante sí.

Si se cumplen las tres condiciones anteriores conviene estudiar cuáles son los siguientes requisitos:

  • Vidas paralelas. Lo primero que hay que tomar en consideración es que ser piloto significa tener dos vidas paralelas, con el consiguiente esfuerzo para un niño. Una de ellas es muy similar a la de cualquier otro chaval, con mucho énfasis en su formación académica. En este sentido, dominar varios idiomas (por este orden, inglés, italiano y francés) y optar por una carrera técnica en la universidad son condiciones muy importantes que podrá aplicar a su segunda vida, la de piloto, que abarcará inicialmente sólo fines de semana y que no salpicará al resto de la semana hasta que el piloto alcance peldaños muy altos ya en la jerarquía de categorías de promoción hacia la Fórmula 1.
  • Mentalidad de campeón. Una educación emocional fuerte puede ser también clave en personas que se verán sometidas a fuertes presiones durante su carrera, empezando por una casi ausencia de tiempo libre desde la niñez, que contrastará con el ocio generalizado de sus amigos.
  • Fuerza bruta. El ejercicio físico es otro de los puntales básicos en la formación de un piloto, tanto para aprender a controlar las enormes fuerzas que un coche puede ejercer sobre el cuerpo de su piloto como por la muy necesaria estimulación de los reflejos y la coordinación psicomotriz que supone.
  • Fuerza mental. Establecer una seria disciplina de entrenamiento físico general ayudará al principiante a aplicar otra similar a las tareas de pilotaje. Mejorar al volante requiere muchísima concentración, capacidad de análisis, voluntad de superación y un nivel de competitividad por encima de la media. No obstante, jugar un partido de fútbol o correr 5.000 metros al día no está reñido con ninguna de las anteriores cualidades.

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