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Motores

Su correcto mantenimiento permite alargar la vida del vehículo y contaminar hasta un 10% menos

¿Cómo saber qué motor elegir? ¿Cuándo conviene optar por uno diesel y cuándo por el de gasolina? ¿Hasta qué punto el mantenimiento adecuado del motor redunda en el bolsillo del conductor? La elección final del tipo de motor dependerá de las necesidades de cada usuario, del número de kilómetros que prevea recorrer al año y de la frecuencia con la que cambie de vehículo. Algunos mecánicos van más allá y aseguran que la respuesta es sencilla: para amortizar un motor diesel hay que rodar al menos 15.000 kilómetros al año. También defienden que quien cambia con frecuencia de coche (cada dos o tres años) no rentabilizará la compra de un diesel. Otro criterio de compra puede ser el nivel de contaminación del vehículo, un dato que los fabricantes deben proporcionar a los usuarios. Entre los que menos contaminan figuran los motores de hidrógeno, híbridos o eléctricos, aunque su uso no está aún muy extendido. No obstante, conviene tener en cuenta que un vehículo bien cuidado contamina un 10% menos que otro que no lo está.

Puesta a punto y mantenimiento

El motor es la parte central de un vehículo porque es la encargada de poner el coche en marcha. En palabras del subdirector del Instituto Universitario de Investigación del Automóvil, José María López, "el motor es como una caja negra en la que apenas puede actuar salvo en los puntos que corresponden a los diferentes niveles: aceite, líquido refrigerante y líquido de frenos, entre otros". Pero es muy importante que cada uno de estos componentes cuente con el control adecuado y que se sigan las recomendaciones del fabricante en cuanto a mantenimiento y frecuencia de cambio de las piezas. "Un tiempo -afirma López- que debe cumplirse".

Se calcula que un vehículo bien cuidado contamina un 10% menos que otro que no lo está. Por ello, independientemente de que sea verano o invierno, es necesario controlar periódicamente todos los niveles de líquidos del vehículo y rellenarlos con el producto recomendado por el fabricante, insiste López. Además, existen una serie de pautas que se pueden poner en práctica de acuerdo a cada destino. Por ejemplo, si la idea es viajar a un lugar de montaña donde se prevé la presencia de nieve, la primera medida será comprobar el nivel del líquido refrigerante del motor, que se encarga de mantener la temperatura adecuada y afrontar termómetros por debajo de los cero grados. También hay que vigilar el nivel de aceite y su viscosidad, llenar al máximo nivel posible el depósito del líquido del parabrisas y añadir a éste un producto detergente que sea anticongelante para asegurar una correcta visibilidad a través de las lunas.

Por el contrario, si el propósito es viajar a un lugar más cálido será interesante controlar el nivel del líquido de la batería (las más modernas sustituyen el líquido por una pasta o gel que no necesita mantenimiento), ya que con el calor puede descender y necesitar su reposición. Un exhaustivo control que se completa con el reemplazo de las piezas que se desgastan con el paso del tiempo y la vigilancia sobre:

  • El carburador, donde se produce la mezcla de gasolina y aire. Debe estar siempre limpio, al igual que el filtro del aire, y evitar que la gasolina entre en contacto con agua.
  • El termostato, que regula la temperatura del motor. Se trata de una válvula ubicada entre el motor y el radiador que se mantiene cerrada cuando el motor está frío y se abre cuando el motor se caliente para permitir el paso de agua y que la temperatura del motor no sea elevada.
  • El cárter, donde se deposita el aceite que permite la lubricación de las piezas que componen el motor. Estas piezas se encuentran en continua fricción entre sí, por lo que la falta de aceite provocaría un desgaste prematuro de las mismas. Para ello, es importante el cambio del filtro y del propio aceite para garantizar un correcto engrase.

En este último caso hay que tener especial cuidado en el arranque y parada del motor, porque una operación tan habitual como ésta, realizada con cierta frecuencia, "dificulta el engrase del motor y aumenta su desgaste, principalmente en la zona entre el pistón y cilindro y en los cojinetes, tanto de apoyo de cigüeñal como de cabeza de biela", explica José María López. Siempre que tengamos que encender el motor debemos evitar acelerar innecesariamente, puesto que el aceite tarda unos minutos en calentarse y si no está a la temperatura adecuada, el rozamiento de las piezas produce un mayor desgaste. Asimismo, al parar el motor tampoco es conveniente acelerar porque los cilindros (elementos estructurales sobre los que se apoyan las demás partes del motor) quedan con una mayor cantidad de gasolina, que se condensa en las paredes y cae, lo que limpia la película de aceite que lubrica el roce con el pistón.

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