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El responsable europeo de Bioética afirma que en la UE "no hay postura ni a favor ni en contra"
Las competencias sobre el estatus de las personas no han sido transferidas al Consejo Europeo, y la mayoría de los países de la Unión se niegan a ceder este poder decisorio que afecta a las cuestiones más polémicas de la vida del ser humano. Así lo puso de manifiesto Carlos de Sola, responsable de Bioética del Consejo de Europa, que participó esta semana en un seminario de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de Santander. Según De Sola, en la UE "no hay postura ni a favor ni en contra", cada país decide sobre la utilización de embriones humanos cuyo único fin será la destrucción.
Las células madre se pueden obtener de diversos órganos, y a partir de ellas se consigue regenerar los tejidos humanos necesarios para, por ejemplo, quien necesite un injerto de piel tras una operación, o incluso órganos enteros, como un corazón o un pulmón. El cordón umbilical y la placenta son algunos de los mayores proveedores de células madre, la polémica surge cuando se propone utilizar los embriones congelados sobrantes de los procesos de fertilización para fecundación "in vitro", ya que su uso para este fin supone la muerte del embrión humano.
Desde el punto de vista científico, según De Sola, "no se sabe cuál es la mejor opción para obtener células madre", y aunque las embrionarias son muy provechosas, se ha demostrado que son más cancerígenas debido a que las células se desarrollan más. De momento, su utilización tendrá que esperar en muchas partes del mundo, pero este hecho no parece suponer un gran problema porque, en palabras del responsable europeo de Bioética, "no hay ninguna opción que pueda considerarse la mejor, ya que la única ventaja es que las células serían compatibles con el paciente".
En cuanto a la clonación, sí que hay una postura definida. "Europa fue la primera en adoptar una medida clara de prohibición", contó De Sola, refiriéndose a la clonación con fines reproductivos, que consiste en transferir el núcleo de una célula adulta a un óvulo del que se ha extraído el núcleo para fecundarlo y, después, implantar el embrión -que será una réplica exacta del donante porque se ha fecundado a sí mismo, sin combinar óvulo y espermatozoide- en el útero.
"Ahora -continúa- Francia y Alemania han presentado en la ONU una propuesta mundial para que la clonación reproductiva se prohíba en todos los países". Según De Sola, "cada individuo es un ser particular y no podríamos calcular las consecuencias de crear personas a nuestro antojo, por ejemplo, cuando se nos ha muerto un hijo y pensamos en clonarlo para "revivirlo". A este clon le querrían por la persona perdida, no por lo que él es en sí mismo, y esto puede suponer un problema psicológico muy importante, y desembocar en situaciones antropológicas absurdas".
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