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Las condiciones de vida de los cien mil afectados sólo en España fueron recordadas el pasado viernes, Día Mundial del Parkinson
Como cada 11 de abril, el pasado viernes se prestó una atención especial a los cien mil enfermos de Parkinson que viven sólo en España. Era el Día Mundial del Parkinson, una celebración que sirve para conocer más de cerca las carencias asistenciales de los enfermos y recordar que aún no se cuenta con un tratamiento eficaz, capaz de detener el avance de esta enfermedad neurodegenerativa. No obstante, los avances terapéuticos han seguido un incesante progreso desde que en los años 60 se descubrió la levodopa. Esta sustancia restablece el déficit de dopamina que provoca los síntomas típicos de los enfermos de Parkinson: torpeza motora, lentitud de movimientos, rigidez, temblor, problemas al deambular... A día de hoy la levodopa aún es la terapia más eficaz con la que se cuenta para controlar los síntomas, pero no ha resuelto un problema grave: entre los ocho y los diez años de evolución de la enfermedad aparecen nuevas complicaciones que los fármacos no controlan, como son los movimientos involuntarios o los espasmos musculares.
Tal y como explica el doctor José Ángel Obeso, neurólogo consultor y profesor de Neurología de la Clínica Universitaria de Navarra, "eso no significa que la levodopa pierda eficacia, sino que a medida que la enfermedad avanza se siguen perdiendo neuronas dopaminérgicas (las que producen dopamina) y, de alguna manera, el cerebro del enfermo depende cada vez más de los fármacos".
Los nuevos fármacos han hecho posible ir reponiendo el déficit de dopamina de forma más estable para reproducir la situación natural. También se han resuelto los problemas psiquiátricos a los que conduce la enfermedad. Pero todo ello no es todavía bastante. Según se va prolongando la esperanza de vida de los enfermos de Parkinson, la enfermedad plantea nuevos retos a médicos e investigadores. "El problema con el que nos encontramos ahora es que los pacientes con Parkinson desde hace 15 ó 20 años empiezan a sufrir un proceso neurodegenerativo. Les controlamos sus síntomas motores, las complicaciones psiquiátricas; sin embargo, la enfermedad dura tanto que se extiende por otras zonas del cerebro", afirma el doctor Obeso.
Por lo tanto, el mayor desafío que se plantea en la actualidad es encontrar tratamientos neuroprotectores que frenen el proceso neurodegenerativo en la medida de lo posible. "Y quizá un paso previo: entender realmente los pasos que ponen en marcha el proceso de muerte neuronal", añade el especialista. Toda una carrera de fondo en la que cada minuto perdido puede suponer un mayor deterioro de cada afectado.
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